Nada te debo

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“¿Qué es la Argentina? ¿Es una masa que todavía no ha llegado a ser pastel, es sencillamente algo que no tiene forma definitiva, o bien es una protesta contra la mecanización del espíritu, un gesto de desgano e indiferencia frente a un hombre que se aleja de sí mismo, o frente una acumulación demasiado automática, o frente una inteligencia demasiado inteligente, o a una belleza demasiado bella, o a una moralidad demasiado moral?” En este clima, en esta constelación podría surgir una verdadera protesta contra Europa, si …, si la blandura encontrase un método para hacerse dura…,si la indefinición pudiera convertirse en un programa, o sea, en una definición.

Witold Gombrowicz – Diarios

Pensar qué es la música argentina es una pregunta casi cotidiana de un compositor, sobre todo viviendo en el extranjero. Una pregunta que intenta definir lo individual con la pertenencia a un grupo difícil de definir.

Mi hipótesis es que con la música argentina no pasa nada de nada, y que no va a pasar por mucho tiempo. Ésta es una cuestión que no se dirime con individualidades mas o menos brillantes, sino en términos de proyecto de país.

Esta pregunta de Gombrowicz es vieja, es la misma pregunta de la música argentina desde siempre, pero a medida que pasa el tiempo cobra más actualidad y carga mucha mas tristeza.

Si hay algo que define a la música clásica argentina es que la argentina es un país expulsivo, que no genera las condiciones mínimas para cuidar a sus artistas. Un país que confiado eternamente en la “chispa perpetua” cree que no tiene que hacer nada para proteger su acervo.

Argentina, junto con toda América, es joven porque muere joven. Pero su juventud es también, a pesar de todo, ineficaz. W.G

La música clásica en términos de producción es un genero si se quiere decadente. A diferencia de la literatura por ejemplo, necesita de un corpus sofisticado para existir: ensambles, sistema de conciertos y sobre todo becas y subsidios con continuidad para que los músicos puedan desarrollar su lenguaje (tener tiempo para estudiar y dinero para pagar las clases). Este circuito es totalmente burgués, caro, suntuario, pero lamentablemente indispensable. Estas becas y subsidios no pueden ser reemplazadas por becas desde exterior que ayudan al artista pero a la vez atomizan a las sucesivas generaciones

Por eso los compositores argentinos sufrimos todos las condiciones del abandono. No hay bibliotecas, no hay edición de partituras, no hay grabaciones, no hay ensambles subvencionados… La actividad musical es diletante y depende de la buena voluntad de los compositores y de los intérpretes bienintencionados.
Ir a México, por ejemplo, nos enfrenta con una realidad distinta en ese sentido: los museos tienen bibliotecas increíbles con revistas, grabaciones de música contemporánea de compositores reconocidos como Julio Estrada y Mario Lavista, pero también de compositores que no han alanzado los cuarenta. A manera de ejemplo, el cuarteto Arditti hizo un proyecto en México similar al que el CEAMC hizo en Argentina en el año 2000 y las obras de los mexicanos están grabadas por un sello y el CD se puede comprar en las disquerías.
Los conservatorios de Holanda están plagados de estudiantes de composición mexicanos con becas de su país – no sólo estudiantes de composición sino de cualquier instrumento-. Es el país latinoamericano con más presencia en Europa. La mayoría de los argentinos que viven en Europa tienen (tenemos) esa “beca” que es algún pasaporte europeo, recibido en la lotería de la inmigración.
Personalmente tuve una beca de Antorchas por dos años para estudiar en Ámsterdam. las condiciones de la beca fueron impecables y el haberla obtenido una gran suerte. Pero sé que es una excepción de una fundación que además ya no existe.
La sensación es que mas allá de las iniciativas individuales, que son en realidad casi todas en la Argentina, para que se pueda hablar de la música académica de un país, se debe pensar en un proyecto colectivo y a largo plazo.

“Poseemos aquí buena materia prima, aunque todavía no nos podemos permitir productos acabados”. W.G

¿Todavía? Me siento una planta de soja. Incluso los compositores más antisistema –pienso en Cage, Feldman, Partch por ejemplo- son asimilados, si se quiere fagocitados por el sistema y le es dada una entidad. No es lo mismo ser un vagabundo en Lanús y hacer música con objetos encontrados que en Estados Unidos. Y no hablo del valor de las propuestas– ni aquí ni en todo el artículo- sino del cuidado de una sociedad para sus propias cosas. Tampoco hablo de los mecanismos de producción con respecto a los medios de producción (cuántas aclaraciones!).

El mensaje de este texto es bastante triste. Veo la música clásica en general un arte maravilloso en términos de abstracción de lenguaje, que paradójicamente necesita de mecanismos de producción conservadores y decadentes. ¿Será que la música clásica contemporánea será sólo manifestación de las grandes potencias? Así lo parece. Escribir una obra para una orquesta argentina viniendo, por ejemplo, del conurbano bonaerense parece como construir un cohete que va a la luna con latas de tomates.

PD- Lindo tema para otro post es porqué en Holanda tampoco pasa nada de nada y el inmenso y obsoleto apoyo del estado para la música contemporánea la termina convirtiendo en entretenimiento.

Continuará…