Cecilia Arditto

Post Term: Schaeffer, Pierre

Mismo mapa, otro lugar.

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¿Cuál es el elemento permanente común a todos los objetos sonoros que salen de un mismo instrumento?
Instrumento de música: cualquier dispositivo que pueda obtener una colección variada de objetos sonoros manteniendo en espíritu la presencia de una causa.
 
Tratado de los objetos musicales, Pierre Schaeffer

Parafraseando a Schaeffer, un instrumento es una colección de sonidos, muchas veces muy diversos. Y a veces es también un instrumento musical.
¿Qué tienen en común una nota de piano en registro medio a la nota más aguda? Sus propiedades acústicas son ciertamente distintas. Pero la construcción cultural de lo que es un instrumento nos hace pensar en un único concepto bajo la idea de piano, reconocible por nuestros oídos y por nuestro cerebro en un complejo sistema de percepción, por suerte bastante inexplicable. Otro francés, Michel Foucault, en Las palabras y las cosas, se pregunta cuál es la relación del paraguas y la máquina de coser sobre la mesa de disección. Misma pregunta se puede aplicar al repertorio de sonidos de cualquier objeto musical.

Las técnicas extendidas han dibujado un contorno distinto de los mismos objetos musicales en el siglo XX. El viajero esta vez no se mueve de su casa, pero viaja con sus ojos, interpretando el mismo mapa de otra manera. Estoy volviendo a mi adorado ciclo Música invisible y a la fascinación por el timbre (¡again!). ¿Es qué siempre escribiré la misma música?

Me gusta pensar en la propia casa como terra incógnita: el mundo familiar visto desde otro ángulo, a diferencia de lo nuevo visto con los mismos ojos.
C.A.

De concreto

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Estoy componiendo una serie de piezas basadas en las ideas de música concreta de pierre Schaeffer. Manipulando cintas y grabaciones, me pierdo en este mundo tan literal, tan concreto. Soy de la pluma, no hay duda, aunque me interesa el desafio.

Mi coro de ángeles

Nota a posterior (22/10/20): este ciclo de piezas finalmente llamado Musique Concrète, de proceso largo y laborioso, de producción infinita, que fuimos construyendo sonido a sonido con mi incansable compañera Alu Montórfano,  es uno de los proyectos que más trabajo me llevó en mi carrera. Y uno de los que mayores satisfacciones me trajo. Aquí el video del ciclo de obras Musique Concrète completo.

Mundos paralelos

Cigarillo electrónico

 

En mi obra Musique concrète, los objetos grabados encuentran sus fuentes en la vida real lo que abre una reflexión inmediata sobre la música escrita y la música grabada.

Pienso que una partitura representa todas las músicas posibles de una obra particular. Cuando se toca lo que está escrito, se produce una reducción de un conjunto vasto de posibilidades a una versión finita que es la versión presente, posible, la versión actual. Esto equivale a una transición brusca de lo posible a lo real (¡la física cuántica se estremece con un toque de alarma!)
La música grabada, en un sentido filosófico, siempre me ha parecido más concreta, porque fija sólo uno de los mundos posibles como definitivo. Aparte de los medioa de reproducción y del espacio, no hay versiones en la música para cinta. Hay oyentes, pero eso también abarca a la música escrita. Siempre me pareció más interesante el mundo de múltiples versiones que propone la escritura musical. Aunque debo reconocer que son dos cosas distintas y que tal vez no habría que compararlas y disfrutarlas por separado.

Volviendo a mi proyecto Musique concrète, intento efectuar un cruce entre los dos mundos, el virtual del intérprete/lector  y el grabado/congelado. El ejercicio de salir y entrar sucesivamente de la grabación al mundo contingente resignifica los objetos fosilizados en la grabación: los objetos grabados encuentran sus fuentes en la vida real. No se sabe si lo que suena es lo pre-grabado o su duplicado en vivo, ambos en escena como dos instancias diferentes de una misma cosa.

El tiempo grabado nada en contrapunto con los acontecimientos presentes, que siempre se ahogan un poco. 

Concretos y soñadores

Caja de ritmo con varias velocidades. Ideal para el compositor innovador de nuestros tiempos.

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Me interesa como Pierre  Schaeffer piensa el mundo de los sonidos concretos en su Tratado de los instrumentos musicales. Sus conceptos sobre la utilización de objetos como parte del discurso musical me siguen pareciendo novedosos y actuales. Es un mundo análogo a mi búsqueda (uso esta palabra lo más que puedo, ja ja ja, que fetichismo!) y que la fundamenta.
Tratado de los instrumentos musicales es además, un libro muy bien escrito, cuya lectura es un placer!. En él Schaeffer describe el mundo físico del sonido, nunca más físico gracias a la manipulación del sonido en el laboratorio. Si bien su ejemplificación de los sonidos es didática, no deja siempre de establecer una conexión con el mundo conceptual de la música como dos aspectos del mismo fenómeno, la ciencia del sonido y su percepción en contexto.

Esta relación dialéctica entre el laboratorio y la filosofía está reflejada también en su feliz término musique concrète.  Siempre se relaciona a la música contemporánea con el concepto de abstracto. La música que analiza Schaeffer es contemporánea pero concreta. Si bien concreta en sus materiales,  abstracta en su concepto.

Nota a posteriori (21-10-20): Me fascina esta vuelta de tuerca entre concreto y abstracto redefiniendo categorías tan generales a partir de la práctica musical novedosa. Me sorprende la libertad de pensamiento de Schaeffer, una libertad que encuentro muy difícil de encontrar en nuestra época.

Tratado de los objetos musicales

         

Me compré una agendita en el ferrocarril Roca (¡5 pesos!) volviendo de Capital a Temperley. Me insipiró a crear un tratado de orquestación de objetos por riguroso orden alfabético (el orden arbitrario del alfabeto). Los objetos del tratado son, por lo general, sonoros, aunque algunos de ellos, como linternas, molinillos de viento, etc. no lo son. A todos ellos, sonoros o no, los considero musicales. ¡Se aceptan propuestas!

La Panaderia de Eduardo Kusnir

Vista parcial del Laboratorio de Música Electrónica en los años 68, 69 y 70

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Fuera de lo que no es propiamente humano, no hay nada cómico.

Henry Bergson, La risa

La panadería (1970) del compositor argentino Eduardo Kusnir, es en mi escucha una obra teatral, donde cada elemento se correspondería a una dramaturgia imaginaria. En este juego de escucha ampliada, cada sonido representaría un personaje que se mueve en el espacio acústico a manera de escenografía.

Cada sonido/personaje tiene rasgos definidos e interactúa con otros sonidos estableciendo situaciones que podríamos llamar narrativas. Estos sonidos comparten un espacio que se puede visualizar, siguiendo sus trayectorias e imaginándolos nuevamente en su partitura gráfica, punto de partida de esta obra.
En este juego de dramaturgias me imagino que uno de los sonidos es Stockhausen, otro Pierre Schaeffer, y otro Kröpfel, tres personajes electrizados que están conversando sobre música concreta, filtros y bandas de frecuencia. El espacio acústico, concebido esta vez como escenografía, podría ser un laboratorio de música electrónica de los 70, lleno de osciladores, inmensas computadoras cables, y alarmas. ¡Que nostalgia!

La construcción de la forma en La panadería comprende un universo totalmente restricto, donde cada elemento cumple funciones específicas. El trabajo con el material está totalmente cuidado y nada parece librado al azar: la espontaneidad y la frescura de esta obra están basadas en un trabajo meticuloso, partitura previa mediante. La panadería es una obra bella, de sonidos imaginativos, meticulosamente trabajados. La pieza es una profusión de citas: citas de tango, de voces conocidas, y también citas del género electrónico.

Es interesante comparar otras obras del mismo periodo con La panadería y encontrar elementos auto referenciales al género electrónico y al estilo de la época. Kusnir manipula el sonido en términos del propio género y lo vuelve a la vez una crítica desde adentro a la música electrónica desde su propio universo musical.

La panadería es una obra clave en la música electrónica de los años 70, que no ha perdido validez. Al contrario, se le agrega ahora un elemento retro que la potencia.
Un canto eléctrico a la imaginación.