Alegría lenta

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Ayer fui a ver una exposición de Dominique González-Foerster en el museo K20 en Düsseldorf. González Foerster es una artista sumamente original, difícil de asir en una primera impresión.
Comencé el recorrido en el extenso museo con incertidumbre y una media sonrisa whatthefuck? Hace mucho que no me pasaba ese tipo de no entender.  A lo largo de las horas, ya fuera del museo, los espacios, los objetos, las ideas, comenzaron a tomar forma desde adentro,  transversalmente.

Ésas son las reacciones que busco yo, por mi parte, en un público para mis exposiciones. Pienso que el arte actual es más intenso como experiencia que como fábrica de imágenes u objetos. Es espacio, es tiempo.

D.G.F

Dominique es muy eficaz en la creación de estructuras espacio-tiempo, creando arquitecturas, que más que habitar el espacio, ocupan la mente. Sus instalaciones proponen una impresión de un lugar que es a la vez físico y afectivo: una marca profunda en la memoria. Si rememoramos una habitación de hotel en la que estuvimos en el pasado, tal vez  recordaremos la alfombra, las sillas (que tal vez eran dos o tres, pero en nuestra memoria se vuelven miles) la ventana y cierta luz. Tal vez recordemos también cosas que no estaban allí.  El resto de los detalles están borrados. Gonzalez Foester no reconstruye los recuerdos, sino que manifiesta con cada instalación el mecanismo de la memoria en sí.

Dominique González-Foerster, Splendide Hotel (annexe), 2015
 

En esta conjugación del espacio-tiempo-afectos, Dominique González-Foerster no es más es una arquitecta de la psicología. En el espacio K20 en Düsseldorf  rediseñaron la sala grande en múltiples instalaciones independientes, de distintos tamaños.  Todos ellos están prácticamente vacíos, conteniendo dos o tres objetos esenciales. Las protagonistas son las extensas alfombras, las paredes pintadas en colores intensos y la iluminación. La instalación Brasilia Hall, consiste en una alfombra verde (¡que otro color para ese título!) y una pantallita muy  pequeña, con un video, al final de la sala despojada. Hay que caminar varios metros para entender que ese cuadradito perdido en la pared inmensa es una pantalla. Ya sabíamos que el espacio es tiempo.

Dominique Gonzalez-Foerster Brasilia Hall, 1998/2000
 

En este laberinto de espacios, una instalación desemboca en otra instalación, en otro color, en otra alfombra, en otro paisaje, en otro tipo de vacío. Hay una confusión entre el espacio de las instalaciones y el espacio de circulación.
Es como sumergirse en un videojuego con sucesivas pantallas, con decorados a medio hacer. Los paisajes de la artista nos remiten a la ciencia ficción. No es casualidad que libros, en formato físico, de Ray Bradbury y Philip Dick se encuentren exhibidos como parte de la muestra.

 
Une chambre en ville, environment, VanAbbemuseum, Eindhoven, 1996

Después de visitar las instalaciones de González-Foerster fui al primer piso del museo para ver la muestra permanente de arte contemporáneo, que consiste en una colección de … cuadros!!!! Y me costó bastante.

Es más fácil hacer una obra de arte obvia -una pintura, una escultura- que algo que esté en el límite. Los que trabajamos en los medios plásticos tenemos la suerte de tener una libertad total y unos espectadores que pueden circular. El cine, el teatro u otros géneros cuentan con espectadores más pasivos.

D.G.F.