Cecilia Arditto

Post Term: Cerini, Gabriel

Geografías incompletas

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Gabriel Cerini escribió una pieza titulada Moratalaz y Vicálvaro. La obra consiste en cuatro trayectorias (o movimientos) que son reproducciones de recorridos reales que caminó Gabriel en Madrid. Estos recorridos están dibujados en un mapa-partitura a ser caminados en un espacio real (terraza, escenario, etc.).

Un caminante recorre los itinerarios en semi-penumbras, deteniéndose y alumbrando los puntos claves de las trayectorias del mapa con una linterna, única iluminación de la obra. En la performance, los mapas se van dibujando en la oscuridad. Salen de la nada gracias a la luz y vuelven a desaparecer también a la velocidad de la luz, o mejor dicho, a la velocidad de la linterna. Estos mapas son presente puro, ya que las trayectorias, engullidas por lo negro, desaparecen del espacio visual inmediatamente. Fui la intérprete de esta obra por eso no tengo la perspectiva del afuera de la pieza, pero fue una experiencia lindísima hacerla.

Otro trabajo que vi en estos días, es la muestra “Unrealized objects” del artista alemán Gunnar Friel a quién conocí en la residencia de la fundación ACA, en Mallorca, organizadores de nuestro concierto con Cerini, el Festival de Música contemporánea de Palma de Mallorca.

“Unrealized objects” reúne varios trabajos de Gunnar en distintos formatos. Uno de ellos es un video basado en un videojuego, donde el participante en lugar de seguir las reglas del juego, se escapa hacia el afuera del juego, el afuera entendido siempre dentro de la pantalla. El videojuego original es bélico, tridimensional. Tiene sonidos de ametralladoras. El avatar camina con sus botas de guerra, pisando pesadamente la hojarasca y alejándose, paso a paso, del perímetro del juego.

 

A medida que se aleja de la acción el paisaje digital se vuelve cada vez más surrealista: paisajes cortados, árboles que comienzan a flotar en un horizonte de unos y ceros, vacas muertas tridimensionales, que vistas desde atrás, son maquetas planas. Se ven escenografías olvidadas, agujeros, fisuras en la tierra… La hiper lógica del programa se toma una pausa y por los descansos del juego se cuela un sentido a medio construir.

“El ser humano tiende a darle sentido a la experiencia mediante la continuidad; lo que sucede se explica por lo que sucedió antes.” dice César Aira en Cómo me hice monja

Recuerdo de chica que cuando iba a San Clemente del Tuyú en carpa con mi familia, jugaba fichitas en los videojuegos. Mi juego preferido una carrera de coches que jugaba a mi manera. Lo que más me gustaba era irme a pasear con el autito por fuera de la ruta. Las opciones de paisaje de los juegos de aquella época no eran muy variadas: prados con florcitas dibujadas y, con mucha suerte, un tronquito tirado. En esa época había que pagar el tiempo en pantalla con una ficha, y jugando fuera de la ruta no se acumulaban puntos, por lo que se perdía rapidísimo. Mi desafío era ver cuan rápido se podía permanecer en los suburbios informáticos antes de volver, dolorosamente, a poner otra ficha.

 

El borde de las cosas también dibuja el afuera. En los mapas antiguos, ese borde era un elefante sosteniendo la tierra, o una catarata de agua que finalizaba con el mundo y arrojaba al barquito del viajero aventurero a los confines de la tierra o al mismo espacio exterior.
En los videojuegos, el mapa de afuera, despliega una fantasía a medio hacer cuando nos alejamos de los puntos a acumular. En la obra de Gabriel, el afuera es la oscuridad infinita, recortada fugazmente con el haz de la breve linterna.
El mapa es un pedazo de algo delimitado, estampado, fijo, partiturizado, apresado. Que, por lógica, delimita a la vez todo lo que queda fuera. En estos territorios tan conocidos nos encontramos con Abel Paúl.

 

Ahora, recién llegada a Buenos Aires para una estadía de dos meses, voy a ver cómo me va, en este reverso de mapa de un mundo conocidísimo.

 

Gabriel Cerini

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http://mambobubu.blogspot.com/2009/11/moratalaz-y-vicalvaro.html

Muchas gracias!

Gabriel Cerini

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Hubo un segundo concierto en Ámsterdam de la orquesta TITO, junto al el compositor argentino residente en Barcelona Gabriel Cerini.
Entre compuesto e improvisado, la obra de Gabriel fue una fuente de recursos interesantísimos y conmovedores. Rescato muchísimos momentos que encuentro cercanos a mis búsquedas.
Gabriel tocaba en un momento un pañuelo de seda. Lo balanceaba en el aire, mientras los otros tocaban los juguetes. Evidentemente el pañuelo no suena, pero tiene un ritmo, por lo que se vuelve extremadamente musical. Es pura sinestesia: la apropiación de un lenguaje por otro. Gabriel hablaba de campanas para referirse al pañuelo. Una campana de seda, una metáfora en escena.

Otros momentos muy lindos fueron algunos juegos de los instrumentos con una cinta pre grabada.
Gabriel tocaba unos tubos largos de PVC de diferentes maneras.  A veces tocaba tradicionalmente, como trompetas naturales, otras, solo hacía la mímica (sin sonido) y otras, lo que me resulto muy interesante, hacía la mímica en sincronía con una cinta pre grabada (playback). La cinta se pliega con este gesto al discurso de los instrumentos en un tipo de relación poética, también de sinestesia. Esta vez con respecto al movimiento. El lenguaje musical se quiebra y presenta novedosas y poéticas maneras de articulación.

No sé si es un exceso de optimismo de mi parte, pero creo que estas mismas propuestas habría que llevarlas más al extremo, ya que en el contexto de improvisación de este concierto, se diluyen un poco. Tal vez sea imposible y la esencia de este trabajo sea esta misma volatilidad que se percibe de a ratos.
Yo, cada vez más enamorada de la volatilidad de la partitura escrita. Pienso que a esa campana de seda bien valdría la pena estamparla en un pentagrama.

Música de época.

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Crónica del concierto de T.I.T.O en Ámsterdam el pasado 3 de Octubre de 2008.
La orquesta T.I.T.O (Trans Industriell Toy Orchestra) son un grupo de artistas, mayormente  que vienen de la plástica, que tocan con juguetes y objetos encontrados. Lo bonito es que ellos no son músicos y desconocen las reglas de la cortesía musical (o no les interesa en absoluto).
Es hermoso ver a esos alemanes grandotes, soplando peines y agitando manivelas con total gravedad. Es algo muy serio.
Uno de los músicos, durante el concierto, fumaba y tocaba a la vez en escena (fumaba de verdad, no teatralmente). Las frases musicales se cortaban caprichosamente al tiempo de las necesidades del pucho.
A otro de los músicos se le caía todo, (de verdad, todo de verdad). Y se lo tomaba con toda la calma del mundo.
Otro probaba tocar los juguetes desde ángulos extraños y la mayoría de las veces no sonaban o el resultado era muy pobre. Pero el fallo es parte total de la cosa y no el reverso del concierto.
La performance me pareció una cosa “de época”, con instrumentos originales. Los chiches eran super retro.
Las obras eran cortísimas, de menos de 5 minutos y cada una respondía a un concepto muy diferente, por lo que toda esa vaguedad de los materiales y la ejecución estaba enmarcada en algo formal rígido (y corto). Me gusto esa dicotomía.
Cuando vi ese caudal de situaciones escénicas tan ricas me dije, me encantaría escribir para ellos! (por lo que me ligué un CD gratis, ¡argentina tenías que ser!). Ahora creo que escribir algo para ellos es ajeno a la naturaleza de la propuesta, tan “inescribible”.
Esa música de juguetes y objetos encontrados me recuerda a las músicas y experiencias de los 60, de las cuales me vienen a la mente Acústica de Mauricio Kagel, o los experimentos de Les Luthiers. La orquesta TITO es una orquesta de la misma época. Ellos no solo tocan chiches de época y están vestidos de época, sino que lo son.
Me gustaría  canalizar algunas de estas  experiencias con búsquedas que resuenan simpáticamente (nunca mejor empleado) con las mías.

http://mambobubu.blogspot.com/2008/10/con-tito-en-amsterdam.html