Cecilia Arditto

Post Term: Aira, César

Mañana

EspañolEnglish

La acumulación de eventos hace que una obra parezca larga, porque el tiempo pasa de forma significativa: es un tiempo lleno de cosas. En todas mis obras hay una gran acumulación de materiales. A simple vista, mis obras son minimales, ya que las cosas están ordenadas, obsesivamente controladas. Materiales e ideas son muchas. Lo austero puede ser a la vez barroco, sobrecargado. Lo vivo en carne propia cada vez que tengo que cargar los objetos físicos para mis conciertos.

Siempre me ha interesado la síntesis. Tal vez sea meramente por una cuestión de supervivencia, para que las obras no implosionen bajo la densidad de su excesivo peso.
Voy desparramando las cosas no solo en el espacio, sino también en el tiempo. Y extrañamente, el resultado final se percibe como despojado.

Me imagino la escritura de una música como un puntito estático en un papel que esta constantemente en movimiento. El movimiento del papel es el que va dibujando las líneas. Siempre pa´delante. Reconstruimos el pasado veloz en forma fragmentaria gracias a la memoria. Siempre recordando y a la vez olvidando de donde veníamos.

Y pienso en César Aira, en las novelas donde, en la deriva de la escritura, se olvida de los nombres de los personajes, o se olvida de su sexo (si era hombre o mujer); o directamente se olvida a los personajes completamente en el medio de la trama y pasa a otra cosa, así nomás.

La forma ABA es una de mis menos favoritas.

Geografías incompletas

EspañolEnglish

Gabriel Cerini escribió una pieza titulada Moratalaz y Vicálvaro. La obra consiste en cuatro trayectorias (o movimientos) que son reproducciones de recorridos reales que caminó Gabriel en Madrid. Estos recorridos están dibujados en un mapa-partitura a ser caminados en un espacio real (terraza, escenario, etc.).

Un caminante recorre los itinerarios en semi-penumbras, deteniéndose y alumbrando los puntos claves de las trayectorias del mapa con una linterna, única iluminación de la obra. En la performance, los mapas se van dibujando en la oscuridad. Salen de la nada gracias a la luz y vuelven a desaparecer también a la velocidad de la luz, o mejor dicho, a la velocidad de la linterna. Estos mapas son presente puro, ya que las trayectorias, engullidas por lo negro, desaparecen del espacio visual inmediatamente. Fui la intérprete de esta obra por eso no tengo la perspectiva del afuera de la pieza, pero fue una experiencia lindísima hacerla.

Otro trabajo que vi en estos días, es la muestra “Unrealized objects” del artista alemán Gunnar Friel a quién conocí en la residencia de la fundación ACA, en Mallorca, organizadores de nuestro concierto con Cerini, el Festival de Música contemporánea de Palma de Mallorca.

“Unrealized objects” reúne varios trabajos de Gunnar en distintos formatos. Uno de ellos es un video basado en un videojuego, donde el participante en lugar de seguir las reglas del juego, se escapa hacia el afuera del juego, el afuera entendido siempre dentro de la pantalla. El videojuego original es bélico, tridimensional. Tiene sonidos de ametralladoras. El avatar camina con sus botas de guerra, pisando pesadamente la hojarasca y alejándose, paso a paso, del perímetro del juego.

 

A medida que se aleja de la acción el paisaje digital se vuelve cada vez más surrealista: paisajes cortados, árboles que comienzan a flotar en un horizonte de unos y ceros, vacas muertas tridimensionales, que vistas desde atrás, son maquetas planas. Se ven escenografías olvidadas, agujeros, fisuras en la tierra… La hiper lógica del programa se toma una pausa y por los descansos del juego se cuela un sentido a medio construir.

“El ser humano tiende a darle sentido a la experiencia mediante la continuidad; lo que sucede se explica por lo que sucedió antes.” dice César Aira en Cómo me hice monja

Recuerdo de chica que cuando iba a San Clemente del Tuyú en carpa con mi familia, jugaba fichitas en los videojuegos. Mi juego preferido una carrera de coches que jugaba a mi manera. Lo que más me gustaba era irme a pasear con el autito por fuera de la ruta. Las opciones de paisaje de los juegos de aquella época no eran muy variadas: prados con florcitas dibujadas y, con mucha suerte, un tronquito tirado. En esa época había que pagar el tiempo en pantalla con una ficha, y jugando fuera de la ruta no se acumulaban puntos, por lo que se perdía rapidísimo. Mi desafío era ver cuan rápido se podía permanecer en los suburbios informáticos antes de volver, dolorosamente, a poner otra ficha.

 

El borde de las cosas también dibuja el afuera. En los mapas antiguos, ese borde era un elefante sosteniendo la tierra, o una catarata de agua que finalizaba con el mundo y arrojaba al barquito del viajero aventurero a los confines de la tierra o al mismo espacio exterior.
En los videojuegos, el mapa de afuera, despliega una fantasía a medio hacer cuando nos alejamos de los puntos a acumular. En la obra de Gabriel, el afuera es la oscuridad infinita, recortada fugazmente con el haz de la breve linterna.
El mapa es un pedazo de algo delimitado, estampado, fijo, partiturizado, apresado. Que, por lógica, delimita a la vez todo lo que queda fuera. En estos territorios tan conocidos nos encontramos con Abel Paúl.

 

Ahora, recién llegada a Buenos Aires para una estadía de dos meses, voy a ver cómo me va, en este reverso de mapa de un mundo conocidísimo.

 

Composición tema “La vaca”

EspañolEnglish

Ya se editó el libro Notations 21. Hoy me llegó una copia en el correo. Es un libro enorme dedicado a diversas notaciones musicales contemporáneas. Me dedicaron una página con ejemplos de una obra y un pequeño artículo que escribí para esta ocasión.
El libro inspirado en Notations de John Cage, es un objeto precioso en sí mismo. Tiene ejemplos de partituras y reflexiones acerca de la notación de un centenar de compositores: John Cage, Joan La Barbara, Murray Schafer, Stockhausen, James Tenney, Earl Brown y muchos otros no tan conocidos.
La info de mi obra está mal. La partitura publicada corresponde a Zand y no a Música invisible. Aunque algo de invisible tiene Zand, porque la partitura está pensada en negativo para poder ser leída en la oscuridad.
http://www.notations21.net/

Cuando era chica mi mamá quería que yo fuera escritora porque siempre me sacaba diez en las redacciones del colegio y hacía llorar a la maestra (era una niña bien al estilo Puig!). Cuando me dediqué a la música mi vieja aceptó mi decisión, yo creo que para no ir en contra de sus principios hippies de autodeterminación de los hijos, pero en el fondo pensaba que era ua pena. Yo, que entre mis virtudes tengo la de ser una persona extremadamente cabeza dura y obsesiva, seguí mi camino en la música; la presión siempre ha ejercido un poder estimulante en mi vida. Pero, ahora, en la cuarentena de la vida, pienso que tal vez el tema de la escritura sea mucho más importante de lo que siempre creí en mi conexión con la música. Hay cosas que se me ocurren escribiendo, notas o palabras, y no tocando un instrumento o mirando un paisaje. Muchas cosas también las pienso a través de la literatura (Aira, Gombrowicz, etc).
De escribir una composición tema “La vaca” a notar un multifónico hay tal vez más similitudes de las que uno creería a simple vista. Un psicoanalista diría que en el caso C se cumplió el mandato de la madre, del que aparentemente no pude escapar.
Mi próximo cuarteto de cuerdas se llamará entonces “La vaca” y Freud y mi madre contentos. La señorita Angélica de quinto grado llorará ahora por otras razones.