Cecilia Arditto

Iñigo Giner Miranda

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“Una noche, la gente del espejo invadió la tierra. Su fuerza era grande, pero al cabo de sangrientas batallas las artes mágicas del Emperador Amarillos prevalecieron. Este rechazó a los invasores, los encarceló en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todos los actos de los hombres. Los privó de su fuerza y de su figura y los redujo a meros reflejos serviles. Un día, sin embargo, sacudirán ese letargo mágico”.

J.L.Borges “Animales de los espejos”

Iñigo Giner Miranda es un compositor vasco, residente en Berlín que estudió composición en el Conservatorio de Amsterdam, lugar donde lo conocí. Un compositor borgeano de pura cepa: amante de los laberintos, de los espejos, de lo antiguo, de las citas y de los idiomas, entre ellos la música.
Su obra La habitación de los espejos, para dos pianos, crea un contrapunto gestual y sonoro entre dos pianistas que están enfrentados en el escenario: uno es el reflejo del otro. Esta distribución escénica es éstandar en las obras para dos pianos del repertorio clásico. La habitación de los espejos convierte la convención en el contenido de la obra.
Los movimientos que los pianistas realizan son simétricos. Lo paradojal de esta disposición es que el sonido no se corresponde con lo gestual, ya que el grave de un piano es el agudo del otro: lo visual en relación con el sonido establece una sincronía trocada.

Conocer como funciona distribución de las alturas en el piano es lo que le da a la pieza su verdadero interés, realzando la paradoja entre el espejo visual y la inversión de lo sonoro, en realidad dos categorías de comportamiento en espejo superpuestas.
Lo curioso es que si bien se entiende el mecanismo en un plano racional, desde lo perceptivo, el asombro se mantiene intacto.

https://www.iginermiranda.com/

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