Cecilia Arditto

En mi barrio no pasa naranja…

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Me encantan las máquinas, el mundo mecánico y análogo en todas sus variantes. Me emocionan los ventiladores y el molinillo del café. Me gusta la tele en sí misma, aunque esté apagada.
Me pierdo en una búsqueda literal de objetos en los mercados (reales y virtuales) y debo decir que desarrollé una habilidad especial para acumular bartulerío (¡el gen argentino!). Miro mi preciosa colección en mi estudio en Diemen y pienso en la conexión entre la búsqueda de objetos físicos y la búsqueda de materiales/lógicas sonoros.

Para nosotros, los compositores nacidos en pleno siglo veinti, el tema de los mercados de técnicas musicales, es, la mayoría de las veces, una elección a consciencia. El compositor elije trabajar con texturas, con el sonido, con material tonal, con poca nota, con muchas, con casi todas… ¿Y cómo se fundamenta esa decisión? Con un contundente “¡Porque si!”. Otras respuestas serían “porque estudie en determinado lugar y no en otro”, o “porque me gusta la música de alguien en particular”, o por el engañoso “la obra me lo pide”.
Para mí una buena respuesta es: porque me impregné de la música que se hace en el barrio, en mi época. En otras palabras: hago lo que puedo con lo que me toca. Como le pasaba a Mozart o a los Pibes chorros. Algunos tienen más prensa, eso sí.

 

 

 

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