Cecilia Arditto

Crónica de un hombre acompañado

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Fui a ver Las multitudes de Federico León. Una obra para 120 personas en escena, divididas en grupos categorizados por edad y sexo: los jóvenes, los adolescentes, las mujeres.
Estos grupos deambulan por el espacio escénico con su líder.  Un planteo brillante con una realización más descolorida  Es una obra que crea una gran expectativa que se  diluye un poco en la realización.

Me imagino la escritura de la obra como una partitura que coreografía el movimiento de los grupos en la escena: una polifonía del deambular. Cada voz está representado por un grupo de gente específico, con cierta vibración inestable entremedio.

Hay muchos temas implícitos en esta obra: los grupos, las pertenencias, la empatía, lo individual, lo colectivo. El tema de la exclusión, de lo diferente, de los espejos, de lo mismo. Lo mismo a través del tiempo, las distintas versiones de una misma persona, una temática que ya León trabajara en Yo en el futuro.
Viendo este deambular de gente-motivos en escena, no pensaba en los coros poderosos de Verdi, sino en la polifonía más oblicua de Machaut.
Salí del teatro volando, con ganas de todo, de escribir, de seguir profundizando en la libertad maravillosa que significa este in between géneros.

 

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