Cecilia Arditto Delsoglio

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Girones del pasado

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Mi última obra se llama I love you. Es para cinta, diapositivas, flauta y guitarra y ventilador. La escribí para el dúo que componen Alu Montorfano y Yayo Orias Diz. Hicimos una presentación en Beta en febrero de este año en Barcelona, y muy pronto Yayo va a tocar algunos fragmentos de la obra en Buenos Aires, en una versión para guitarra sola, cinta y diapositivas. I love you es work in progress. Veremos adonde nos lleva esta obra-experiencia.

La vida de los otros

¡Qué flash!

Hace un tiempo encontré unas diapositivas de la década del 70 en un mercado en Holanda. Son diapositivas familiares pero extrañamente sin gente, perros, tortas de cumpleaños, ni salvavidas chillones. Las imágenes muestran una casa en refacción vacía: empapelado rasgado, tachos de pintura, instalaciones eléctricas, desperdicios…  La historia detrás estas fotos es para mí desconocida. También la casa y sus habitantes. Posiblemente sea gente de la década del 70 en un pueblo del sur de Holanda., cerca de Nijmegen, lugar donde encontré estas fotos. Posiblemente necesitaran documentar las refacciones de la casa por alguna razón, sucesión, venta. Las fotos son más bien testimoniales. Lo que me resulta raro es el formato de diapositiva para algo tan desangelado. La diapositiva siempre ha sido un lujo que conlleva el ritual de la proyección en una sala oscura e implica cierta magia.   Algunas de las grabaciones de audio que uso para la cinta de I love you son  también encontradas. No en un mercado de pulgas sino en internet. En uno de los audios se escucha a un chico componiendo una canción de amor en inglés. I love you canta un muchacho joven, probando acordes y escribiendo en un papel, parando, carraspeando, repitiendo y avanzando.

Ready-made

 

En mi I love you, el guitarrista en vivo dialoga con la cinta grabada. Yayo, mi guitarrista resultó ser un cantante romántico muy carismático. Una versión perfecta del ahora del chico de la grabación. El tiempo es rugoso, iterado, va y vuelve entre el joven componiendo la canción y un hombre adulto tocando fragmentos de una canción que si bien no se presenta entera, está terminada.
Las diapositivas proyectan en escena los ambientes de la casa creando una escenografía para los dos músicos de esta obra, un hombre y una mujer, o con lo que cada intérprete se identifique. Ellos habitan estos espacios en ruinas o en refacción, difícil de decir si I love you es un comienzo o un final.

 

Detalle de la partitura - diseño del espacio


Out loud is music with the shape of a strainer where most of the sounds are missing. The pre-omposed piece is filtered so only the leftovers of the piece remain: the unwanted, the de-classed sounds.

The ensemble plays tacet only gestures without sound.

The music vanishes and we can only hear/see what remains: breathing, movements, mistaken notes, eye contact.

To be played in silent mode... a couple of accidental sounds are welcome!

 

To be played in silent mode... a couple of accidental sounds are welcome!


And the no-piece becomes a piece! Hard to escape the void.

The music is defined for what it is hidden instead of for what it shows, in a post-Cage experiment the piece asks to remember the forgotten sounds in the own mind.

I wrote a silent piece with a lot of notes.
The musicians and the audience are present, occupying the hall, facing a full nothingness. The audience and the musicians, nevertheless, are holding to the concert rituals with the hope of recovering some sense.

Tired of following instructions…
Tired of solfège…
Tired of abstraction...
even not the intention, the resulting piece is quite humoristic.

The ensemble conforms a half circle on stage with eye contact.

Diagram of the choreography of the whole piece

The musicians are asked to build a piece around the piece. In this version, the trombone, at the very end, plays the only real note of the piece.
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The first version of this piece was written for Aleph Ensemble, France, in 2013 for violin, violoncello, piano and percussion. It lasts only one minute! Even Out loud is a piece basically to be seen, I've got an audio recording of the concert that I find very interesting.  The recording of a silent piece is acknowledging all the sounds around the piece, so it is possible to hear everything except for what is written in the score.
Listening to the audio follows somehow the same logic of building sense for what is around instead of for what is shown. Listen to Out loud maximum volume!

I am working now on a second version, a bit longer (3 minutes!) for the New Mexico Ensemble, for violin, violoncello, percussion plus accordion and trombone.


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Thomas Hirschhorn, es un artista suizo que construye monumentos estéticos combinando materiales simples, como latas descartables, cinta de pegar o sillas de plástico, con materiales suntuosos, como un automóvil último modelo. Bombástico (como dicen en inglés) y precario. Magnificente y pobre a la vez.

Thomas Hirschhorn -Proyecto Dislocación- Kunstmuseum Bern

En el barrio de Chacarita, en Buenos Aires, encontré esta belleza en la calle. Si comparamos los dos work of art vemos que si bien en apariencia son similares, su espíritu es muy distinto. Salta a la vista el cariño del vecino para con su autito en contraposición al desdén de Hirschhorn para con su 4x4. Uno repara, el otro rompe.

Auto rojo - Genio desconocido - Olleros y Forest, CABA - Abril 2017


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Un basural, la pequeña habitación de una pensión, el marco de una puerta: todo esto se transforma en el escenario esteticista de un amor prohibido. El caos y el desorden se transmutan en belleza extrema. Estoy hablando de la película In the mood of love del director Wong Kar-wai.
De manera parecida, en Bye bye Dragon Inn, Tsai Ming-liang enfatiza el refinamiento de lo casual: la maravilla de la gotera, la composición pictórica del callejón  de basura, la visión irreal del cine desvencijado. Me imagino al director de fotografía horas y horas estudiando el filtro verde pálido para mostrar un piso roto y mojado en todo su esplendor.
Tengo, en muchas de mis obras, una relación muy intensa con lo precario.  Relación que traspasa la escritura para verme en situaciones concretas de cargar 12 ventiladores en una bicicleta, transportar una colección de linternas mágicas en un viaje interoceánico, llevar un espejo de pie en el tren de Ámsterdam a Utrecht. En cuerpo y alma. Todo medio roto, medio viejo, a punto de romperse. Es una relación de índole fatal con los materiales, llena de adrenalina. Me encanta lo cotidiano, tal vez si escalara el Himalaya me aburriría.
Mi trabajo es el de elaborar la precariedad desde el control, llevando la fragilidad hasta el punto de obsesión férrea. Documentar la falta hasta que rebalse, extenuar la inestabilidad con rigor.
Y en este ejercicio se me va la vida, o mejor dicho, la encuentro. Una buena vida.


In “Afterlife” the ones who already died want to communicate with us via electrical signals. Different electricity impulses in a neon tube generate a diversity of rhythmical patterns, both in sound and light. A microphone amplifies the lamp, in dialogue with a trumpet.
"Afterlife" expresses life (or its absence) in the realm of time. To the question “where are we going”, the answer is “later.”

"Music is made of time and expresses itself via frequencies."

Afterlife is a spiritual license for the under-sound: these forgotten frequencies, like buried diamonds, are found in the zone of the unreachable buffers. In the threshold of our beliefs, our ears open up to the concept of “beyond audible”, troubling our understanding but not the pleasure of perceiving them.

“Talking frequencies, talking light, talking silence”

Objects like lamps, ventilators and radios are singing. Under an animistic perspective, they possess a distinct spiritual essence.
Let this project be a tribute to those buzzing, humming, whirring, hissing creatures that, raising from the electric cemetery of the obsolete, have an afterlife in my music.

 

https://vimeo.com/696967168


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Como todo en la vida las cosas en borrador son lo que finalmente nos definen. Escribir música se siente como una ocupación para toda la vida. Hay momentos in, pero mayormente momentos out. Escribir, pensar, esperar.
¿Se pueden saltear los días? ¿Se puede digitar la historia personal con el pensamiento? ¿Para saber qué? ¿Cuál es el rol de nuestro arte en la sociedad, por ejemplo?

Hoy me quedo en un rincón, rascando la guitarrita y prendiendo un par de ventiladores. Por veinte años. Y después veo que pasa. Estoy celebrando la Navidad en el sur de Holanda. Debo confesar que se me pega un poco esa cosa calvinista de hacer la tarea, sin tanto discurso, sin tanta pregunta, sin tanta necesidad de saber para qué.


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Cuanto más viajo más chato me parece el mundo... todo se está volviendo más y más uniforme: los mismos negocios, la misma ropa, los mismos libros. Los mismos muebles de Ikea.
Y los mismos multifónicos en Japón, Alemania o México.


                       Alu

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Acabo de terminar una primera versión de I love you, una obra para flauta y guitarra que interpretarán Alu Montorfano y Yayo Orias Diz, dos compatriotas que viven en España y Francia, respectivamente. Yo estoy en Alemania.
Es una obra para flauta y guitarra en vivo, tape, diapositivas y mi fetiche de estos últimos años, un ventilador. Es una obra que me gusta muchísimo. Pensaba hacer una versión para video también, sobre todo pensando en los viajes que necesariamente tenemos que hacer los tres para poder tocar la obra, que incluye traslados low-cost por avión. Pero una conversación de medio minuto con Alu me convenció de seguir por la vía análoga.

Esta situación me recuerda una anécdota de la familia de mi papá, allá lejos y hace tiempo en Tandil, provincia de Buenos Aires. Mi abuela Estela, nacida en 1902, quedó viuda muy joven, a cargo de tres hijos. De procedencia muy humilde, hija de inmigrantes vasco franceses, sacó a la familia adelante gracias a una maquina de coser Singer que le regaló Evita. En una línea histórica que empieza en esa máquina de coser, mi papá pudo estudiar en la universidad y recibirse de contador. Tema para otro día.

Durante mi primera infancia visitábamos a mi abuela en Tandil. Su modesta casa, la misma que le había dado Evita, todavía en ese entonces no tenía baño. Tenían un cuartito en el jardín, parecido al baño de la familia Ingalls, sin agua corriente. Llenaban baldes de agua lluvia, previamente almacenados en un gran tanque, para mantenerlo aseado. No había ducha tampoco. Nos aseábamos en la pileta del galpón con baldes y una manguera.

             Yayo

En un momento dado,  llego el progreso y construyeron un baño dentro de la casa, con azulejos negros. El baño era tan lindo, que no lo querían usar para no ensuciarlo, sobre todo la ducha.  Recuerdo en verano (y no tanto!), que nos bañábamos en el patio a baldazo limpio para no ensuciar los azulejos.  ¡Nos encantaba! Me atrevo decir que era feliz ¡así nomás!

¡Perdón familia querida por usarlos de anécdota para explicar mis cosillas con la música y ventilar sus intimidades! Me acorde de esa historia hoy cuando hablaba con Alu y volvimos al mundo antiguo, conocido y amable de lo análogo, de los procesos visibles, donde una cosa está atrás de la otra y ocupan lugar, tiempo y volumen.

 


Pruebas de luz en gama de blancos con linternas mágicas.

Las estrellas de día

Los planetas

Luna llena


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Ayer fui a ver una exposición de Dominique González-Foerster en el museo K20 en Düsseldorf. González Foerster es una artista sumamente original, difícil de asir en una primera impresión.
Comencé el recorrido en el extenso museo con incertidumbre y una media sonrisa whatthefuck? Hace mucho que no me pasaba ese tipo de no entender.  A lo largo de las horas, ya fuera del museo, los espacios, los objetos, las ideas, comenzaron a tomar forma desde adentro,  transversalmente.

Ésas son las reacciones que busco yo, por mi parte, en un público para mis exposiciones. Pienso que el arte actual es más intenso como experiencia que como fábrica de imágenes u objetos. Es espacio, es tiempo.

D.G.F

Dominique es muy eficaz en la creación de estructuras espacio-tiempo, creando arquitecturas, que más que habitar el espacio, ocupan la mente. Sus instalaciones proponen una impresión de un lugar que es a la vez físico y afectivo: una marca profunda en la memoria. Si rememoramos una habitación de hotel en la que estuvimos en el pasado, tal vez  recordaremos la alfombra, las sillas (que tal vez eran dos o tres, pero en nuestra memoria se vuelven miles) la ventana y cierta luz. Tal vez recordemos también cosas que no estaban allí.  El resto de los detalles están borrados. Gonzalez Foester no reconstruye los recuerdos, sino que manifiesta con cada instalación el mecanismo de la memoria en sí.

Dominique González-Foerster, Splendide Hotel (annexe), 2015

 

En esta conjugación del espacio-tiempo-afectos, Dominique González-Foerster no es más es una arquitecta de la psicología. En el espacio K20 en Düsseldorf  rediseñaron la sala grande en múltiples instalaciones independientes, de distintos tamaños.  Todos ellos están prácticamente vacíos, conteniendo dos o tres objetos esenciales. Las protagonistas son las extensas alfombras, las paredes pintadas en colores intensos y la iluminación. La instalación Brasilia Hall, consiste en una alfombra verde (¡que otro color para ese título!) y una pantallita muy  pequeña, con un video, al final de la sala despojada. Hay que caminar varios metros para entender que ese cuadradito perdido en la pared inmensa es una pantalla. Ya sabíamos que el espacio es tiempo.

Dominique Gonzalez-Foerster Brasilia Hall, 1998/2000

 

En este laberinto de espacios, una instalación desemboca en otra instalación, en otro color, en otra alfombra, en otro paisaje, en otro tipo de vacío. Hay una confusión entre el espacio de las instalaciones y el espacio de circulación.
Es como sumergirse en un videojuego con sucesivas pantallas, con decorados a medio hacer. Los paisajes de la artista nos remiten a la ciencia ficción. No es casualidad que libros, en formato físico, de Ray Bradbury y Philip Dick se encuentren exhibidos como parte de la muestra.

 

Une chambre en ville, environment, VanAbbemuseum, Eindhoven, 1996

Después de visitar las instalaciones de González-Foerster fui al primer piso del museo para ver la muestra permanente de arte contemporáneo, que consiste en una colección de ... cuadros!!!! Y me costó bastante.

Es más fácil hacer una obra de arte obvia -una pintura, una escultura- que algo que esté en el límite. Los que trabajamos en los medios plásticos tenemos la suerte de tener una libertad total y unos espectadores que pueden circular. El cine, el teatro u otros géneros cuentan con espectadores más pasivos.

D.G.F.


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