Cecilia Arditto

Post Term: yoga

Cabeza abajo

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Tengo una música en mi cabeza que hace ruido, pero que no la puedo escribir. No es necesariamente un sonido, sino una idea de algo que todavía no entiendo. No la puedo escribir porque no la puedo pensar. No me alcanza el cerebro. En analogía con el yoga, es como cuando uno quiere una postura nueva, pero no es el momento, porque los músculos, las articulaciones, los huesos, no están listos.

La cabeza tampoco lo entiende aunque crea que si.
Uno cree que entiende, pero no.
Uno cree que sabe lo que quiere, pero no.
Cree que sabe.
Y no es lo mismo.

Con la composición es igual. Siento la limitación física del hecho estético. Me quedo parada en el mismo borde de mi cerebro y no puedo ir más allá. Como cuando uno quiere acordarse de una palabra en otro idioma… algo que está y que no está a la vez. El típico no me da la cabeza en su sentido literal… Y como en el yoga, no me queda otra que practicar. Que la inspiración me encuentre transpirando.

A medida que pasan los años en esta tarea, todo es más lento. Y me gusta eso. En algún momento hay que cerrar el círculo y fechar y firmar, para no encapsularse eternamente en un loop. Siempre se trata de encontrar un punto de satisfacción, donde se deja una obra y se pasa a la siguiente, como páginas del pensamiento.
Me gusta corregir, siempre me gustó. Volver a lo mismo mil veces. Repensarlo. Una linda manera de mover aunque sea un milímetro, algo incipiente, algo de verdad. Algo que asomaba cuando tuvimos que poner la doble barra.

 

Me organicé la vida para poder componer lento, Para pensar mucho y borrar mas. Cuando llegué a Europa, no paraba de escribir. Las ideas venían una detrás de otras, llevándome a lugares inesperados e interesantes. Las cosas no son de una manera. Son distintos momentos. Igual, tengo la firme sospecha, de que los momentos veloces, inspirados y espontáneos, son el fruto de años y años de trabajo previo, que un día se manifiestan como el exacto punto de la clara de huevo, pero no existirían sin el batido previo. No se de donde saque esta imagen tan trucha, pero la dejo, como un anti ejemplo del corregir y corregir….

 

Estoy retomando unas piezas viejas, del año 2005, para publicar. A la correción de la música misma debo agregar horas y horas de Photoshop para la versión final manuscrita. Con la mente un poco dispersa, mientras corrijo y borro en modo pixel, escucho las conferencias de Borges que hay en YouTube donde habla de los procesos exhaustivos de corrección-también Piglia cuando habla de Borges-. Estas mentes brillantes son además las personas más laburadoras del planeta. Que vida increíblemente bella, dedicarse exhaustivamente, incansablemente, interminablemente a un gesto, un detalle, una palabra, un sonido, una marca con la pluma.

 

 

Yoga

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Hace ya unos años, sin buscarlo empecé a hacer yoga. Y empecé a pensar las cosas a través del yoga, ya que pensar siempre fue mi manera de ver el mundo. Y el pensar se convirtió de a poco en un cuerpo que antes existía sólo para funciones estereotipadas y de a ratos.
Es un poco aburrido de explicar y de leer. Hay que hacerlo, intentar doblarse en ocho como un pretzel sin hablar y ver que pasa.

Otro punto de vista

Algunas de las posturas de yoga tienen su origen 5000 años atrás en el tiempo. La práctica de la disciplina era diferente. Pero sí, hace 5000 años que estos dibujos especiales que hacemos con el cuerpo, están siendo repetidos por millones de personas en millones de lugares y épocas: la humanidad tomando forma de conejo, de tortuga, de langosta… ¡algo habrá!

En otro orden de las cosas, cuando estuve en Japón hace unos años fui a ver una función del Teatro Noh, por una compañía milenaria literalmente. Las obras son transmitidas generación tras generación desde hace mil años reales vía oral.
Sentada en la butaca, me empezó a temblar todo el cuerpo y comencé a llorar en silencio. Sentí algo nuevo: la emoción de estar frente a algo realmente muy viejo, sentí la edad del mundo, el contacto con algo viejo y vivo, diferente de la sensación del museo. Sentí también un poco de vértigo, como si estuviera viendo un fantasma o algo incomprensible. Me pasa algo parecido con el yoga, esta gran disciplina de transmisión milenaria, persona a persona, maestro a discípulo, en una cadena de siglos. También se me estremece el cuerpo de emoción. Cuando veo los maravillosos tutoriales que hay en You Tube, pienso ¡qué gran aporte es internet para la transmisión de la cultura (oral?)!

 

 

Carnaval

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Sketches en 35mm para Musique Concrète.

¡Ay el cine!
Soy una cineasta
disfrazada de compositora,
disfrazada  de profesora de yoga,
disfrazada de argentina
en Alemania.

 

 

Anechoic chamber

I am in Nijmegen, in the yoga studio.
Lonely in the empty room, in between classes.
A lot of  waiting.
I haven’t felt so happy in years.

Posturas

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Las multitudes se relaciona especialmente con las ideas de caos y desorganización. Y, en ese sentido, relaciono este trabajo con el yoga. Las posturas del yoga son antinaturales, porque son formas que ni yo ni otros adoptamos como algo cotidiano. Sin embargo, se logra la estabilidad y la relajación necesarias para atravesar situaciones adversas. Porque ante la adversidad es importante ver qué actitud tomamos. Esto de las posturas me sirve como entrenamiento permanente para dialogar con el presente. Si en este espectáculo, por ejemplo, no cuento con el número de actores que necesito, porque faltan o por otras razones, trabajo igual. No me paralizo por lo que falta; sigo con lo que hay y como se pueda. No por eso se pierde rigor ni profundidad. En la creación de Las multitudes ha sido fundamental mantener el control y aceptar y vivir el camino que se transita con los actores y el equipo de una manera orgánica y libre.

Federico León

Barton Fink

Looking forward

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Estoy haciendo un profesorado de Bikram Yoga en Los Ángeles, California. Vivimos, entrenamos y estudiamos sin salir del Radisson Hotel, cerca del aeropuerto de LA. Cuando atravieso la autopista para ir a la cadena de supermercados del barrio, los aviones me peinan, pasando literalmente a pocos metros de mi cabeza. Es muy bonito y dicen que seguro.
Somos muchas personas haciendo el curso, 443, viviendo en esta mini comunidad con aire acondicionado. Los fines de semana vamos en un tranvía de los años 20, a las hermosas playas de Los Ángeles, para seguir estudiando non-stop entre los surfistas chapuceros y las mujeres siliconadas.

No hay muchas oportunidades en la vida de moverse de ambiente, de verse desde afuera, de poner la vida en pausa.  Si la vida es artificio, aquí en LA no hay duda. Estas semanas siento que vivo constantemente en la escena final de Barton Fink, de los hermanos Cohen, cuando el personaje salta de su desde su vida real en un hotel en California a la playa de un cuadro kitsch.
En una escapada fui a Hollywood de visita, y encontré las famosas estrellas de la fama, en un paseo comercial repleto de chucherías “I love”. La fábrica de sueños del mundo me pareció bastante deslucida. Aunque las bambalinas de la fantasía, son en general, bastante decepcionantes, bien lo sabemos los que le dedicamos nuestra vida al mundo de la imaginación. Encontré en el suelo una estrella pequeña, modesta ¡y vacía!

¿Y ahora?

LAX

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Este es el paisaje desde mi cuarto de hotel en Los Ángeles. Comida orgánica, aviones, profesorado de Bikram yoga (la razón que me ocupa) y cultura indo-americana por nueve semanas non-stop.
Si pienso en cómo contarles esta experiencia a mis amigos, no sabría por donde empezar. Voy por la semana tres y me parece que el tiempo ha desaparecido, no hay como estar exhaustamente ocupado para vivir el presente.

Gimnasia

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Estoy haciendo un entrenamiento especial de yoga que consiste en tomar clases por 100 días ininterrumpidos, sin faltar ni un solo día, ni por lluvia, enfermedad, concierto, whatever. Si un día no puedo ir, al día siguiente tengo que ir dos veces en el mismo día, cosa que significa un esfuerzo considerable.
Voy por el día 66. Dos tercios. Muchas cosas me han pasado estos 66 días, que no pasaré a detallar porque me muero de aburrimiento de sólo escuchar mi tipeo: en el día 45 se te afloja la cadera, y el día 57 se te abren las emociones y el día 25 aprendes a respirar… en fin, mundos privados.
De más está decir que estoy encantada con el yoga. Me siento cambiada. En un punto estoy cambiada para mal. Me descubro diciendo cosas del estilo “cambiar la energía”, “que las cosas caigan bajo su propio peso” , “hay que pensar esto de manera más holística”, y ni hablar de “ser más flexible”. etc, etc.
Tengo una conexión con la música muy mental, surcada de lecturas, de conceptos, de razones y de literatura, cuando hay compositores que piensan en escalas y notas y tocan instrumentos y se la pasan canturreando cositas todo el día. Sí les preguntas algo de su obra te contestan: y sí, agregué una tuba porque necesitaba un bajo… bom bom bom…  la obra habla de subir una montaña y la escala desciende ¡ja ja já! … sol fa mi re do… y se imponían unos tresillos… pum pum pum-la la la, ¿te das cuenta?
A mí me parecen compositores de Marte (lo digo desde un Venus verde de envidia). ¿Será que las verdades más simples son las que se dicen de forma más cursi? ¿Y la música no tiene explicaciones?
Siempre me resultó apasionante lo que no sé, lo que no me propuse, aquello de lo que no soy muy consciente, aquello que escapa a mi control. Siempre estuvo limitado a mi cabeza, y ahora, gracias a Dios, también al resto de mi cuerpo.

Umbral

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La semana pasada me desgarré un músculo en la clase de yoga. Hoy le pregunté al profesor que tenía que hacer al respecto, si tenía que parar hasta curarme o seguir.
Me explicó que los músculos se curan más rápido en actividad que en reposo.
Hay que trabajar en el umbral del dolor, estimulando y cuidando a la vez.