Dos

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Estoy escribiendo “Dos”, una pieza para cantante y vinilos. Escribir es casi lo que no hice hasta ahora, dentro de la deriva multifacética de lo que es componer esta obra.

La idea principal parte de las distintas velocidades de reproducción de un vinilo. El tocadiscos como filtro de la grabación. Con la ayuda de Gabriel Abellán, físico que vive en Venezuela,  pude organizar un cuadro de modulaciones de altura y de modulaciones métricas traducidas a  figuración musical, basadas en las velocidades del tocadiscos.

Decidí utilizar dos tocadiscos simultáneamente. Y dos discos.

 

Los vinilos reproducen una pequeña pieza de Schumann, del ciclo para piano Carnaval. Comencé a  buscar versiones de Schumann en vinilo. Compro discos en Internet y en mercados de pulgas. Hago mini negocios.
Personas que viven en pueblitos de Holanda me mandaron sus vinilos por correo. Se los sacaron de encima por poca plata. Conseguí una versión orquestal de la piecita de Schumann orquestado por quien sabe quien (no es Ravel). Una orquestación muy grasa si se toca a la velocidad original en el tocadiscos. Hermoso disco si se reproduce a 16 rpm.

Siguen charlas con, juegos con los tocadiscos a distintas velocidades…

¡Y ahora metele el dedo al vinilo!
¿Y si lo pasas al revés?
¿No se arruinará la púa?

Diccionario de la experimentación ya experimentada. Por ahora, de la composición, nada.

Me bajé unas películas sobre la vida de Schumann infumables. Una con Natasha Kinski y otra con Katharine Hepburn.

Ayer en el tren, viniendo de un ensayo en el sur de Holanda, me encuentro escribiendo las modulaciones métricas de las distintas velocidades de los tocadiscos. Encontré la fórmula. Era fácil. Tengo que cambiar de tren en Róterdam. 35 minutos de espera. Son las dos de la mañana. Hace mucho frío.

Todavía en el limbo con la música. Un limbo anodino. Un limbo-limbo.

Monté las distintas velocidades de la pieza en el Audacity, un editor de audio multipista, con funciones que permiten editar el Schumann original cambiando la duración y la altura simultánea y proporcionalmente, como sucede con el tocadiscos cuando cambiamos de una velocidad a la otra.

Hoy la pieza se me armó. Todo encaja. Y La pieza se llama Dos. Dos tocadiscos a la vez que tocan a destiempo con cambios de velocidades. Dos versiones de lo mismo a la vez. Schumann y Florestán, los dos protagonistas simultáneos de un cerebro alienado. Mi obra se remonta a un pasado personal muy intenso que no estaba en los planes.

La cantante dialoga con los dos tocadiscos intermitentemente. Dos notas aquí y luego dos allá, cruzando la frontera del Eusebius al Florestán al Eusebius. El ejercicio de escuchar dos grabaciones a la vez es enloquecedor. ¡No se puede escuchar dos cosas diferentes al la vez! No es humanamente posible. No se puede vivir con dos voces gritando en la cabeza. Además son dos voces distintas que a la vez son la misma. Más confusión.

Son dos mundos que no pueden encontrar un espacio común. No es consonante, no es disonante. Es puro disturbio. Dos personas distintas que también son la misma. La locura de Schumann.

Me salió una canción triste. Yo solo pensaba en las cuentas de las velocidades y termino, a la Schumann, trabajando con una intensidad decimonónica.

Jamás hubiera podido iniciar el proceso al revés:

Quiero escribir una obra que se llame “Dos”, que se trate de la alienación de Schumann y la convivencia simultánea de sus dos alter egos, Eusebius y Florestán. Están representados por vinilos a diferentes velocidades, nunca mejor dicho, traspolados.
La cantante alterna los dos mundos como puede. Apaga un tocadiscos. Después el otro.  Dura 3.30”.

Esta pieza duele.

Enlace a “Dos” #1 y #2: notas de programa, audio, y partitura completa PDF.