Cecilia Arditto

Post Term: música electrónica

Wendy-Walter

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Wendy Carlos no sólo comenzó a trasnmigrar Bach en un mini Moog sino que el/ella mismo/a se cambio de sexo en la cumbre de su fama. Peluca doble función. Cuando era chica y estudiaba en el conservatorio la música de Wendy Carlos me parecía espantosa. Ahora me inspira. La semana pasada me compré Swiched on Bach en vinilo, en eBay, y fue la síntesis de la felicidad! (chiste de nerds). Me encanta haber nacido en los 60. Me siento una mujer de su época. De la época de Wendy Walter.

 

Mundos paralelos

Cigarillo electrónico

 

En mi obra Musique concrète, los objetos grabados encuentran sus fuentes en la vida real lo que abre una reflexión inmediata sobre la música escrita y la música grabada.

Pienso que una partitura representa todas las músicas posibles de una obra particular. Cuando se toca lo que está escrito, se produce una reducción de un conjunto vasto de posibilidades a una versión finita que es la versión presente, posible, la versión actual. Esto equivale a una transición brusca de lo posible a lo real (¡la física cuántica se estremece con un toque de alarma!)
La música grabada, en un sentido filosófico, siempre me ha parecido más concreta, porque fija sólo uno de los mundos posibles como definitivo. Aparte de los medioa de reproducción y del espacio, no hay versiones en la música para cinta. Hay oyentes, pero eso también abarca a la música escrita. Siempre me pareció más interesante el mundo de múltiples versiones que propone la escritura musical. Aunque debo reconocer que son dos cosas distintas y que tal vez no habría que compararlas y disfrutarlas por separado.

Volviendo a mi proyecto Musique concrète, intento efectuar un cruce entre los dos mundos, el virtual del intérprete/lector  y el grabado/congelado. El ejercicio de salir y entrar sucesivamente de la grabación al mundo contingente resignifica los objetos fosilizados en la grabación: los objetos grabados encuentran sus fuentes en la vida real. No se sabe si lo que suena es lo pre-grabado o su duplicado en vivo, ambos en escena como dos instancias diferentes de una misma cosa.

El tiempo grabado nada en contrapunto con los acontecimientos presentes, que siempre se ahogan un poco. 

Transmorten

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El mundo es una experiencia estética increíble.  ¿Qué mundo habito después de escuchar esta música?

 

Vivir en vivo (to live live)

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Estoy planteando para la nueva versión de Zand con clarinete y objetos una música literalmente concreta: una música para tocar, manipular.

La electrónica clásica -ruido blanco, voces, frecuencias sinusoidales- se hace esta vez en casa con radios, una melódica, granos trasvasados, cuchicheos. Juego a ser Stockhausen en la cocina: la clásica batería de ollas, se convierte en mi estudio análogo-electrónico.

Y si, alguien dijo no lo hagan en sus casas.

La Panaderia de Eduardo Kusnir

Vista parcial del Laboratorio de Música Electrónica en los años 68, 69 y 70

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Fuera de lo que no es propiamente humano, no hay nada cómico.

Henry Bergson, La risa

La panadería (1970) del compositor argentino Eduardo Kusnir, es en mi escucha una obra teatral, donde cada elemento se correspondería a una dramaturgia imaginaria. En este juego de escucha ampliada, cada sonido representaría un personaje que se mueve en el espacio acústico a manera de escenografía.

Cada sonido/personaje tiene rasgos definidos e interactúa con otros sonidos estableciendo situaciones que podríamos llamar narrativas. Estos sonidos comparten un espacio que se puede visualizar, siguiendo sus trayectorias e imaginándolos nuevamente en su partitura gráfica, punto de partida de esta obra.
En este juego de dramaturgias me imagino que uno de los sonidos es Stockhausen, otro Pierre Schaeffer, y otro Kröpfel, tres personajes electrizados que están conversando sobre música concreta, filtros y bandas de frecuencia. El espacio acústico, concebido esta vez como escenografía, podría ser un laboratorio de música electrónica de los 70, lleno de osciladores, inmensas computadoras cables, y alarmas. ¡Que nostalgia!

La construcción de la forma en La panadería comprende un universo totalmente restricto, donde cada elemento cumple funciones específicas. El trabajo con el material está totalmente cuidado y nada parece librado al azar: la espontaneidad y la frescura de esta obra están basadas en un trabajo meticuloso, partitura previa mediante. La panadería es una obra bella, de sonidos imaginativos, meticulosamente trabajados. La pieza es una profusión de citas: citas de tango, de voces conocidas, y también citas del género electrónico.

Es interesante comparar otras obras del mismo periodo con La panadería y encontrar elementos auto referenciales al género electrónico y al estilo de la época. Kusnir manipula el sonido en términos del propio género y lo vuelve a la vez una crítica desde adentro a la música electrónica desde su propio universo musical.

La panadería es una obra clave en la música electrónica de los años 70, que no ha perdido validez. Al contrario, se le agrega ahora un elemento retro que la potencia.
Un canto eléctrico a la imaginación.