Cecilia Arditto

Post Term: arquitectura

Vive l’amour

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Vive l’amour es una hermosa película del director taiwanés Tsai Ming-Liang. Sus composiciones visuales están allí, esperando ser pobladas por los personajes.
Planos transversales de ángulos cortados, puertas entornadas, pasillos, corredores, escaleras, barandas, todos ellos constituyen espacios entre medio. Los espacios de circulación, como una escalera o un pasillo -cuya función es llevar a la persona a otra parte- quedan congelados, imprimen en la escena la sensación de transitoriedad. Los espacios incompletos, como aquellos que se ven a través de puertas entornadas, convierten al espectador en un espía.

Me divertí un rato sacándole fotos a la pantalla de la computadora. La foto de la foto, el enmarque del marco.

amores entornados
en gama de blancos
claroscuro hecho en casa
tacos altos
la vida es tránsito
laberinto de amor
in between
la luz al final
poesía urbana
opciones

 

Arquitectura que canta

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El espacio teatral es un espacio de acontecimientos narrativos: un espacio donde suceden cosas. El escenario, con su función vasija,  contiene a los actores, los muebles y al texto.

El espacio pictórico es un espacio estático, ya que la narración es nula en términos dramáticos. Se establece sí otra dramaturgia diferente: la dramaturgia de las proporciones, de las distancias, de los ángulos, de los colores, de los materiales. El espacio del plano es el espacio de geometría pura, aquella que alberga otras geometrías menores y distintas, siendo el universo una sucesión de geometrías encastradas, espacios que contienen otros espacios, mundos complementarios que se incluyen unos en otros como muñecas rusas.

En mi música de cámara extendida, los instrumentos musicales conviven con objetos sonoros. El espacio escénico no es un contenedor, tampoco una imagen. El espacio funciona con la lógica de la música. La luz, los ángulos, las formas, la distancia entre las cosas, los volúmenes, las altitudes, se van transformando ante nuestros ojos, constituyendo un nuevo discurso musical sin sonido.  La columna, la tarima, la silla, el atril, siempre han estado enfrente de nuestros ojos, pero bajo esta nueva perspectiva, dejan de ser invisibles y comienzan también a ser audibles. El espacio se transforma en un lugar vital, que al igual que los objetos, los instrumentos y la luz,  canta.

La casa loca

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Pensando en la música y en el espacio (y en Astroboy).
En mi futura pieza, la música trata al mobiliario como instrumentos musicales. La música no solo construye un ambiente diferente incorporando objetos diversos, más allá de los instrumentos musicales, sino que la música es ese ambiente. En mi obra las habitaciones están construídas con música, sin artilugios escénicos (bueno, algunos…)
Estoy escuchando mucha música medieval. Pienso en la arquitectura de las catedrales (es una fija de lo medieval), en los espacios cotidianos y sobre todo en los espacios virtuales. En la música del gótico el desarrollo de las catedrales se da junto con el desarrollo de la polifonía.

Amsterdam es una ciudad muy bonita para pensar en términos de arquitectura. Todo está sumamente controlado, cuidadosamente superpuesto, siglo sobre siglo sobre siglo… como una caja de cosas locas que de tan meticulosamente ordenada parece coherente.
Buenos Aires es una ciudad maravillosa repleta de espacios nuevos, no inventados. Siempre está todo armándose y deshaciéndose a la vez, en el mismo movimiento. Vivimos en el medio del quilombo. Parece loco, pero en un punto, es mucho más sensato.
Yo quiero construir una obra sobre un espacio como Buenos Aires, en constante cambio y en constante definición. Algo también un poco feo, medio chueco. Algo inacabado y autodestructivo.
Desde que dejé pensar en estas dos ciudades como lugares concretos y más en términos de una obra, me tranquilicé bastante.

Ya es hora de agarrar el lápiz.

Gabriel Cerini

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http://mambobubu.blogspot.com/2009/11/moratalaz-y-vicalvaro.html

Muchas gracias!

Listen to me

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“What a curious feeling!” said Alice; “I must be shutting up like a telescope”.

Alice drinking “Drink Me” bottle

En La arquitectura del aire, mi pieza para órgano, una melodía de 12 compases se expande a razón de una corchea por compás. Los compases se empiezan a estirar repitiendo la última nota de la melodía.
Esa nota repetida, como una resonancia, se desplaza de la marimba a un hoquetus de los tres instrumentos (segundo percusionista y órgano) , por lo que el espacio no sólo se expande temporalmente (la melodía es cada vez más larga) sino que la melodía se despliega paulatinamente entre los tres instrumentos en un espacio tridimensional.
La idea es trabajar es modular un espacio fluctuante en el espacio físico con materiales musicales: el teatro de los compases, del ritmo, de las articulaciones, de las dinámicas y de la instrumentación interfiriendo con las leyes de la física. Es lo que se hace siempre cuando se instrumenta, atender a las leyes del sonido y su producción para generar contenidos estéticos. Aquí la coordenada interesante es que estas leyes de la producción del sonido se aplican a un ensamble que ubica a sus miembros a distancias considerables.

Después la melodía se empieza a achicar, en espejo.

La función hace al órgano

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La expansión de los instrumentos me lleva, cada vez más, a una música fuera de los instrumentos. Una música de gestos, de guiños, de expectativas, de pequeños ruiditos, de movimientos, de luces. Una música de instrumentos frágiles, más aún.

Las técnicas se expanden a una nada instrumental, donde paradójicamente el instrumento sigue siendo de alguna manera el protagonista, pero como una aureola. El recuerdo de lo que era reemplaza a la vivencia. No es un recuerdo basado en la nada, sino en prácticas antiguas que se alejan como las estaciones de un tren que mira para adelante pero que sabe de su pasado.
Aureola de órgano, de timbal, de nota. Un recuerdo de algo que era una trompeta. Cuanto más borroneados los instrumentos, más ellos mismos.
Los instrumentos van creando un nuevo mapa acústico, de regiones borrosas y de gestos fuertes. Lo que permanece es la notación, que abrocha estas vaguedades en un discurso pentagramado, como una manera de darle entidad a lo efímero y salvarse de la desaparición.
Mi pieza para órgano y dos percusionistas va a ser una pieza de hilitos colgando, de ventiladores y aire en movimiento. Una pieza hecha con nada. Y surge como siempre la pregunta de cómo hacer posible la existencia de objetos frágiles y dispersos. Como hacer que la nada sea consistente.
Tengo una carta en la manga, siempre la misma, como un mantra que me acompaña. Mi carta son las estructuras rígidas: una arquitectura “sólida” que llenaré de nadas, de espejitos de colores, de vaguedades y desasosiegos instrumentales.
Así voy por la vida, entre la calculadora y la metáfora, entre la organología de los instrumentos y la ley de los objetos encontrados.
Es como si escribiera una música de símbolos musicales donde los objetos han sido pulverizados y solo quedara un vocabulario deshilachado en función de una gramática viva.
Se me ocurre olvidar los instrumentos de a poco, pedirle a los luthiers que los vayan borrando, a los intérpretes que los extralimiten hasta la desaparición, hasta que se vuelvan pura función, pura esencia.

 

La vista flaca

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Construir una estructura con pocos elementos es igual o más complejo que construir una estructura con muchos materiales.
Detrás de estructuras simples sostenidas con puntos elementales, hay siempre un gran trabajo de diseño detrás. Sin esta compleja arquitectura invisible esos puntos no tendrían ningún significado.