Locura inducida

“Dos” detalle de la partitura

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Estoy escribiendo una obra basadas en la música de Schumann y por la ventana veo su mismo barrio unas centurias mas tarde. Me encanta Düsseldorf, por lo feo y por lo lindo. Al principio me parecía una ciudad espantosa y ahora cada día la quiero mas, me gusta de verdad. A diferencia de Amsterdam que es bonita de entrada y se va afeando cada día que pasa. Buenos Aires es siempre un misterio, que país de locos. Visto desde afuera no se entiende nada, y desde adentro me imagino que menos. Me parece que nadie sabe donde está parado, pero con una convicción tremenda. Y al final del día eso es lo que cuenta, porque cuando los sistemas funcionan, nadie se los cuestiona y viene el vacío… nadie le presta atención al tren cuando viene a horario. Igual, por suerte, eso nunca pasa en Alemania.

Las piezas que escribo son para dos tocadiscos que están reproduciendo música muy similar. Es una operación mental sumamente inquietante cuando las dos grabaciones tocan casi en sincronía. Hay una especie de armonía dada por La música de Schumann brinda armonía (en el sentido musical del término), tonalidad y proporciona el orden de un lenguaje conocido, que es el discurso de la música del siglo XIX. Pero cuando los tocadiscos suenan casi simultáneamente, en un delay casero, el resultado es una cosa literalmente de locos, una confusión inducida.
En mi pieza llamada Dos, el cello y el violín en vivo tocan en sincro con dos tocadiscos que reproducen vinilos pregrabados. Cada instrumento sigue uno de los tocadiscos, en un juego de duplicados.
La pieza es un mini caos, la armonía y la tonalidad rápidamente fracasan. Y cuando fracasan, triunfa la pieza. Esta idea suena mucho mejor en palabras de lo que es. Es una pieza modesta, que me gusta muchísimo. Produce emociones intensas cuando se escucha, un tanto angustiantes. No es cualquier caos, es ese caos.

Es un homenaje a Schumann. Sabemos que el principal homenajeado es siempre el que lo hace, nunca el que supuestamente lo recibe, que, como en este caso, no sólo no tiene manera de enterarse, sino que si pudiera tal vez se sentiría triste. Dos trata de la bipolaridad. De los mundos conocidos que se vuelven intransitables. Escrito así me da pudor meterme en la vida de Schumann. Aunque sé que en realidad él es un espejo de la mía, o peor, de una persona amadísima cuyo nombre no puedo ni escribir, no  pudor y por un intenso dolor.