Cecilia Arditto

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Casi cerca (2003) score detail

I like to think of written music as an entity that originates itself every time it is invoked. Different from other arts, where the physical object is always there, music exists only when someone reads a music score.
Music uses a foreign language to express itself, and that is not sound waves but graphical signs. This oblique mechanism gives to the music, both in sound and discourse, an ambiguous condition. Ambiguity brings fragility and strength at the same time.
The history of western music has always been dancing together with the development of musical notation, one feeding the other, in an indivisible relationship. Musical notation is not only a tool to preserve the right sound waves in the correct order but a way of thinking and creating music. Most of the written music would have been impossible to be conceived without writing down ideas on paper. Music notation is both a registration and generation activity at the same time.
Music scores are meticulous, specific, and obsessive with details. The wonderful paradox is that the manifestation of this accuracy is a live act. Written music has its full expression in the present moment. Fresh and fragile. This imperfect-perfect, defined-undefined, precise-imprecise double-sided coin is the fascinating arena that provides music its abstract condition.


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Este gimnasia minimalista que me ocupa viene a cuento de mi nuevo trabajo Musique Concrète ya que tengo muchos objetos que organizar en escena. Si bien las secciones de Musique Concrète son austeras en su estética, el conjunto forma un entramado saturado. Más que una puesta en escena de los objetos y de los músicos, necesito una curaduría. El espacio de Musique Concrète no es el espacio escénico teatral sino el espacio de una instalación.  Pensándolo en una retrospectiva, veo que este ha sido también el espíritu de mis trabajos de cámara de los últimos diez años,

El espacio del escenario teatral está fragmentado. La cuarta pared del teatro, tan visible en los conciertos, se me antoja como una inspiración partida, como si los intérpretes estuvieran obligados a actuar en dos dimensiones y media. Los músicos son tridimensionales pero siempre se ubican de coté, como en las comedias de la tele, donde un familión está sentado sumamente apretado en un sólo lado de la mesa para no tapar a la cámara que los filma.

La idea de un espacio conceptual más amplio, más 3D me permite patear el tablero de la caja italiana y volver a ubicar los objetos en un ámbito no solo mas descontracturado, sino en un espacio que es de otra índole.

Mis obras no son instalaciones ni improvisaciones. Son eventos manifiestamente performativos, a ser producidos en vivo. Su cualidad performativa no significa que no puedan a su vez compartir un concepto de curaduría más cercano a las artes plásticas que la idea de puesta que propone el espacio dramático del teatro.

El minimalismo no es una sola cosa. Es un estilo que abarca muchísimas variantes, muchas de ellas contrapuestas entre sí. Estas imágenes encontradas en internet son parecidas y a la vez diferentes entre sí. Se puede leer en ellas la huella histórica, que diferencia enormemente los trabajos de la década del 70 a los trabajos de la actualidad. Se puede diferenciar claramente lo comercial de lo artistico puro.
Los trabajos antiguos me resultan más poéticos, de alguna manera es un minimalismo más romantizado y más formal en el sentido de la forma. Los trabajos mas modernos me parecen todavía más despojados que los anteriores, como el foquito de Jason Dodge. El minimalismo todavía sigue su camino a la abstracción. En mi opinión, y en mi gusto personal, siento que todavía hay mucho que decir.
Y valga el ready made de Ikea, que me parece un objeto encontradísimo. Ellos si que supieron hacer dinero con el despojamiento a ultranza, sobre todo el de los precios. Algunos pocos encuentran la fórmula del arte fuera del museo, en el mundo de las cosas y se forran.
...
Estos últimos años estuve viajando muchísimo, armandome unas cuantas casas, una atrás de la otra, en diferentes países. Por lo que no tengo más remedio que reflexionar sobre la liviandad y el despojamiento. ¿Qué es realmente lo necesario para esta obra? ¿Necesito en realidad esta olla de hierro de mil kilos? ¿Voy a leer este libro? ¿Otro par de botas? ¿2 kilos de papas, really? Me estoy volviendo más sintética, ayuda vivir en un quinto piso por escalera. Ojalá me sirva esta gimnasia para mis obras.
Schumann ideo un sistema de pesas colgantes para fortalecer algunos dedos de su mano debilitada  y poder tocar el piano. Tal vez yo debería usar algo parecido cuando compongo, el mecanismo de Schumann atado a la mano que sostiene la pluma, para poder pensar en cada nota con sudor y lágrimas. Y ahí si me compro la olla de mil kilos.


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Las fake news no cuestionan la veracidad de la información, sino el valor mismo de decir la verdad.


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Para la macrobiótica el equilibrio no un estado absoluto que se alcanza per se, sino una acción continua y constante de fuerzas. El mismo principio se aplica para preparar una cena o para organizar la existencia.
El yoga propone algo parecido. Mantener el balance en las posturas implica una suma de fuerzas diversas, opuestas, complementarias y confluyentes.
En el arte, el balance se relaciona con una idea amplia del concepto de armonía: los eventos o materiales se organizan equilibradamente con la combinación cuidada de parámetros y variables.

Pensar el número 2020 conlleva a pensar en un futuro de ciencia ficción, lejos de ese lugar geométrico y aséptico de superficies platinadas. Nuestro presente es un futuro más a la Philip Dick, lleno de basura y miseria, de vieja tecnología y también de invenciones sutiles.
El flujo histórico no es una línea recta donde una ley armónica sigue a la otra y donde el ruido sigue a lo tónico. La historia es una melange  donde todo convive a la vez. Se legitima el pasado a la vez que se lo neutraliza. Los antes y los después son categorías mezcladas y a veces simultáneas.

Volviendo a los lenguajes artísticos, la pregunta es:  ¿Cuál es el sentido de tanta abstracción en un mundo que se cae a pedazos?
Una respuesta que me consuela es considerar la abstracción como una herramienta poderosa en una realidad salvaje. Es crucial seguir haciendo juegos mentales en un mundo hostil, como antaño dibujaban en la cueva de Altamira, mientras afuera se morfaban unos a otros y los meteoritos decoraban la tierra. ¿Antropología casera para justificar un par de multifónicos machucados? Y ojalá que no.
El equilibrio de las cosas, como en el cuerpo, se da de manera compleja. Diversas fuerzas se relacionan en el entramado infinito de causas y efectos. Los pequeños gestos también influyen en la maquinaria compleja del mundo. No me imagino un mundo sin arte.
Paradójicamente, el arte es especialmente importante para aquellos que no lo consumen explícitamente. Ellos, sin saberlo, se benefician de los efectos de su existencia (¡sí, ustedes, cabezas huecas!).
El arte hace un futuro mejor de verdad, no como el mundo mejor marketinero de Silicon Valley. Porque lo inservible del arte, su falta de utilidad y de propósito, es lo que lo hace esencial. El arte no tranza ni consigo mismo, y si lo hace, se convierte inmediatamente en otra cosa que ya no es arte.

Seguiremos trabajando, incansables al pedo y militantes de lo ínfimo.
Feliz año.


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En el año 2008 comencé a escribir este blog. Recuerdo el pudor inicial de compartir escritos nacidos en la intimidad, que con un clic estaban expuestos a todos los que quisieran leer.
Más de diez años han pasado y los límites con respecto a lo público y lo privado han cambiado exponencialmente, sobre todo con el crecimiento de las redes sociales.
La vieja internet, aquella de las páginas webs y blogs, todavía proponen una vieja escuela, donde uno va a un sitio a buscar algo, lo lee, lo comenta, se escribe con más caracteres y se necesitan de párrafos completos para expresar ideas.
Escribir un post en un blog es un acto menos espontáneo que reaccionar rápidamente en las redes sociales. La paradoja es, que el escrito meditado, permite una libertad y una sinceridad que en la interacción de las redes sociales es imposible. Lo espontáneo no es sinónimo de verdadero.
Lo público y lo privado ha sido siempre un tema interesante para los artistas, acostumbrados a expresar emociones o pareceres íntimos a grandes grupos de gente (¡no hay tanta multitud en la música contemporánea, ja, ja!).
Encuentro que lo que se muestra en las redes, en apariencia más expuesto,  es de una intimidad más evasiva. Una evasión sin misterio, con cierto aire de estafa.


Girones del pasado

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Mi última obra se llama I love you. Es para cinta, diapositivas, flauta y guitarra y ventilador. La escribí para el dúo que componen Alu Montorfano y Yayo Orias Diz. Hicimos una presentación en Beta en febrero de este año en Barcelona, y muy pronto Yayo va a tocar algunos fragmentos de la obra en Buenos Aires, en una versión para guitarra sola, cinta y diapositivas. I love you es work in progress. Veremos adonde nos lleva esta obra-experiencia.

La vida de los otros

¡Qué flash!

Hace un tiempo encontré unas diapositivas de la década del 70 en un mercado en Holanda. Son diapositivas familiares pero extrañamente sin gente, perros, tortas de cumpleaños, ni salvavidas chillones. Las imágenes muestran una casa en refacción vacía: empapelado rasgado, tachos de pintura, instalaciones eléctricas, desperdicios…  La historia detrás estas fotos es para mí desconocida. También la casa y sus habitantes. Posiblemente sea gente de la década del 70 en un pueblo del sur de Holanda., cerca de Nijmegen, lugar donde encontré estas fotos. Posiblemente necesitaran documentar las refacciones de la casa por alguna razón, sucesión, venta. Las fotos son más bien testimoniales. Lo que me resulta raro es el formato de diapositiva para algo tan desangelado. La diapositiva siempre ha sido un lujo que conlleva el ritual de la proyección en una sala oscura e implica cierta magia.   Algunas de las grabaciones de audio que uso para la cinta de I love you son  también encontradas. No en un mercado de pulgas sino en internet. En uno de los audios se escucha a un chico componiendo una canción de amor en inglés. I love you canta un muchacho joven, probando acordes y escribiendo en un papel, parando, carraspeando, repitiendo y avanzando.

Ready-made

 

En mi I love you, el guitarrista en vivo dialoga con la cinta grabada. Yayo, mi guitarrista resultó ser un cantante romántico muy carismático. Una versión perfecta del ahora del chico de la grabación. El tiempo es rugoso, iterado, va y vuelve entre el joven componiendo la canción y un hombre adulto tocando fragmentos de una canción que si bien no se presenta entera, está terminada.
Las diapositivas proyectan en escena los ambientes de la casa creando una escenografía para los dos músicos de esta obra, un hombre y una mujer, o con lo que cada intérprete se identifique. Ellos habitan estos espacios en ruinas o en refacción, difícil de decir si I love you es un comienzo o un final.

 

Detalle de la partitura - diseño del espacio


Out loud is music with the shape of a strainer where most of the sounds are missing. The pre-omposed piece is filtered so only the leftovers of the piece remain: the unwanted, the de-classed sounds.

The ensemble plays tacet only gestures without sound.

The music vanishes and we can only hear/see what remains: breathing, movements, mistaken notes, eye contact.

To be played in silent mode... a couple of accidental sounds are welcome!

 

To be played in silent mode... a couple of accidental sounds are welcome!


And the no-piece becomes a piece! Hard to escape the void.

The music is defined for what it is hidden instead of for what it shows, in a post-Cage experiment the piece asks to remember the forgotten sounds in the own mind.

I wrote a silent piece with a lot of notes.
The musicians and the audience are present, occupying the hall, facing a full nothingness. The audience and the musicians, nevertheless, are holding to the concert rituals with the hope of recovering some sense.

Tired of following instructions…
Tired of solfège…
Tired of abstraction...
even not the intention, the resulting piece is quite humoristic.

The ensemble conforms a half circle on stage with eye contact.

Diagram of the choreography of the whole piece

The musicians are asked to build a piece around the piece. In this version, the trombone, at the very end, plays the only real note of the piece.
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The first version of this piece was written for Aleph Ensemble, France, in 2013 for violin, violoncello, piano and percussion. It lasts only one minute! Even Out loud is a piece basically to be seen, I've got an audio recording of the concert that I find very interesting.  The recording of a silent piece is acknowledging all the sounds around the piece, so it is possible to hear everything except for what is written in the score.
Listening to the audio follows somehow the same logic of building sense for what is around instead of for what is shown. Listen to Out loud maximum volume!

I am working now on a second version, a bit longer (3 minutes!) for the New Mexico Ensemble, for violin, violoncello, percussion plus accordion and trombone.


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Thomas Hirschhorn, es un artista suizo que construye monumentos estéticos combinando materiales simples, como latas descartables, cinta de pegar o sillas de plástico, con materiales suntuosos, como un automóvil último modelo. Bombástico (como dicen en inglés) y precario. Magnificente y pobre a la vez.

Thomas Hirschhorn -Proyecto Dislocación- Kunstmuseum Bern

En el barrio de Chacarita, en Buenos Aires, encontré esta belleza en la calle. Si comparamos los dos work of art vemos que si bien en apariencia son similares, su espíritu es muy distinto. Salta a la vista el cariño del vecino para con su autito en contraposición al desdén de Hirschhorn para con su 4x4. Uno repara, el otro rompe.

Auto rojo - Genio desconocido - Olleros y Forest, CABA - Abril 2017


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Un basural, la pequeña habitación de una pensión, el marco de una puerta: todo esto se transforma en el escenario esteticista de un amor prohibido. El caos y el desorden se transmutan en belleza extrema. Estoy hablando de la película In the mood of love del director Wong Kar-wai.
De manera parecida, en Bye bye Dragon Inn, Tsai Ming-liang enfatiza el refinamiento de lo casual: la maravilla de la gotera, la composición pictórica del callejón  de basura, la visión irreal del cine desvencijado. Me imagino al director de fotografía horas y horas estudiando el filtro verde pálido para mostrar un piso roto y mojado en todo su esplendor.
Tengo, en muchas de mis obras, una relación muy intensa con lo precario.  Relación que traspasa la escritura para verme en situaciones concretas de cargar 12 ventiladores en una bicicleta, transportar una colección de linternas mágicas en un viaje interoceánico, llevar un espejo de pie en el tren de Ámsterdam a Utrecht. En cuerpo y alma. Todo medio roto, medio viejo, a punto de romperse. Es una relación de índole fatal con los materiales, llena de adrenalina. Me encanta lo cotidiano, tal vez si escalara el Himalaya me aburriría.
Mi trabajo es el de elaborar la precariedad desde el control, llevando la fragilidad hasta el punto de obsesión férrea. Documentar la falta hasta que rebalse, extenuar la inestabilidad con rigor.
Y en este ejercicio se me va la vida, o mejor dicho, la encuentro. Una buena vida.


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Como todo en la vida las cosas en borrador son lo que finalmente nos definen. Escribir música se siente como una ocupación para toda la vida. Hay momentos in, pero mayormente momentos out. Escribir, pensar, esperar.
¿Se pueden saltear los días? ¿Se puede digitar la historia personal con el pensamiento? ¿Para saber qué? ¿Cuál es el rol de nuestro arte en la sociedad, por ejemplo?

Hoy me quedo en un rincón, rascando la guitarrita y prendiendo un par de ventiladores. Por veinte años. Y después veo que pasa. Estoy celebrando la Navidad en el sur de Holanda. Debo confesar que se me pega un poco esa cosa calvinista de hacer la tarea, sin tanto discurso, sin tanta pregunta, sin tanta necesidad de saber para qué.


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