Cecilia Arditto

Post Term: diario

La intimidad a los gritos

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En el año 2008 comencé a escribir este blog. Recuerdo el pudor inicial de compartir escritos nacidos en la intimidad, que con un clic estaban expuestos a todos los que quisieran leer.
Más de diez años han pasado y los límites con respecto a lo público y lo privado han cambiado exponencialmente, sobre todo con el crecimiento de las redes sociales.
La vieja internet, aquella de las páginas webs y blogs, todavía proponen una vieja escuela, donde uno va a un sitio a buscar algo, lo lee, lo comenta, se escribe con más caracteres y se necesitan de párrafos completos para expresar ideas.
Escribir un post en un blog es un acto menos espontáneo que reaccionar rápidamente en las redes sociales. La paradoja es, que el escrito meditado, permite una libertad y una sinceridad que en la interacción de las redes sociales es imposible. Lo espontáneo no es sinónimo de verdadero.
Lo público y lo privado ha sido siempre un tema interesante para los artistas, acostumbrados a expresar emociones o pareceres íntimos a grandes grupos de gente (¡no hay tanta multitud en la música contemporánea, ja, ja!).
Encuentro que lo que se muestra en las redes, en apariencia más expuesto,  es de una intimidad más evasiva. Una evasión sin misterio, con cierto aire de estafa.

Reflexión navideña

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Como todo en la vida las cosas en borrador son lo que finalmente nos definen. Escribir música se siente como una ocupación para toda la vida. Hay momentos in, pero mayormente momentos out. Escribir, pensar, esperar.
¿Se pueden saltear los días? ¿Se puede digitar la historia personal con el pensamiento? ¿Para saber qué? ¿Cuál es el rol de nuestro arte en la sociedad, por ejemplo?

Hoy me quedo en un rincón, rascando la guitarrita y prendiendo un par de ventiladores. Por veinte años. Y después veo que pasa. Estoy celebrando la Navidad en el sur de Holanda. Debo confesar que se me pega un poco esa cosa calvinista de hacer la tarea, sin tanto discurso, sin tanta pregunta, sin tanta necesidad de saber para qué.

I love you too

                       Alu

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Acabo de terminar una primera versión de I love you, una obra para flauta y guitarra que interpretarán Alu Montorfano y Yayo Orias Diz, dos compatriotas que viven en España y Francia, respectivamente. Yo estoy en Alemania.
Es una obra para flauta y guitarra en vivo, tape, diapositivas y mi fetiche de estos últimos años, un ventilador. Es una obra que me gusta muchísimo. Pensaba hacer una versión para video también, sobre todo pensando en los viajes que necesariamente tenemos que hacer los tres para poder tocar la obra, que incluye traslados low-cost por avión. Pero una conversación de medio minuto con Alu me convenció de seguir por la vía análoga.

Esta situación me recuerda una anécdota de la familia de mi papá, allá lejos y hace tiempo en Tandil, provincia de Buenos Aires. Mi abuela Estela, nacida en 1902, quedó viuda muy joven, a cargo de tres hijos. De procedencia muy humilde, hija de inmigrantes vasco franceses, sacó a la familia adelante gracias a una maquina de coser Singer que le regaló Evita. En una línea histórica que empieza en esa máquina de coser, mi papá pudo estudiar en la universidad y recibirse de contador. Tema para otro día.

Durante mi primera infancia visitábamos a mi abuela en Tandil. Su modesta casa, la misma que le había dado Evita, todavía en ese entonces no tenía baño. Tenían un cuartito en el jardín, parecido al baño de la familia Ingalls, sin agua corriente. Llenaban baldes de agua lluvia, previamente almacenados en un gran tanque, para mantenerlo aseado. No había ducha tampoco. Nos aseábamos en la pileta del galpón con baldes y una manguera.

             Yayo

En un momento dado,  llego el progreso y construyeron un baño dentro de la casa, con azulejos negros. El baño era tan lindo, que no lo querían usar para no ensuciarlo, sobre todo la ducha.  Recuerdo en verano (y no tanto!), que nos bañábamos en el patio a baldazo limpio para no ensuciar los azulejos.  ¡Nos encantaba! Me atrevo decir que era feliz ¡así nomás!

¡Perdón familia querida por usarlos de anécdota para explicar mis cosillas con la música y ventilar sus intimidades! Me acorde de esa historia hoy cuando hablaba con Alu y volvimos al mundo antiguo, conocido y amable de lo análogo, de los procesos visibles, donde una cosa está atrás de la otra y ocupan lugar, tiempo y volumen.

 

Cabeza abajo

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Tengo una música en mi cabeza que hace ruido, pero que no la puedo escribir. No es necesariamente un sonido, sino una idea de algo que todavía no entiendo. No la puedo escribir porque no la puedo pensar. No me alcanza el cerebro. En analogía con el yoga, es como cuando uno quiere una postura nueva, pero no es el momento, porque los músculos, las articulaciones, los huesos, no están listos.

La cabeza tampoco lo entiende aunque crea que si.
Uno cree que entiende, pero no.
Uno cree que sabe lo que quiere, pero no.
Cree que sabe.
Y no es lo mismo.

Con la composición es igual. Siento la limitación física del hecho estético. Me quedo parada en el mismo borde de mi cerebro y no puedo ir más allá. Como cuando uno quiere acordarse de una palabra en otro idioma… algo que está y que no está a la vez. El típico no me da la cabeza en su sentido literal… Y como en el yoga, no me queda otra que practicar. Que la inspiración me encuentre transpirando.

A medida que pasan los años en esta tarea, todo es más lento. Y me gusta eso. En algún momento hay que cerrar el círculo y fechar y firmar, para no encapsularse eternamente en un loop. Siempre se trata de encontrar un punto de satisfacción, donde se deja una obra y se pasa a la siguiente, como páginas del pensamiento.
Me gusta corregir, siempre me gustó. Volver a lo mismo mil veces. Repensarlo. Una linda manera de mover aunque sea un milímetro, algo incipiente, algo de verdad. Algo que asomaba cuando tuvimos que poner la doble barra.

 

Me organicé la vida para poder componer lento, Para pensar mucho y borrar mas. Cuando llegué a Europa, no paraba de escribir. Las ideas venían una detrás de otras, llevándome a lugares inesperados e interesantes. Las cosas no son de una manera. Son distintos momentos. Igual, tengo la firme sospecha, de que los momentos veloces, inspirados y espontáneos, son el fruto de años y años de trabajo previo, que un día se manifiestan como el exacto punto de la clara de huevo, pero no existirían sin el batido previo. No se de donde saque esta imagen tan trucha, pero la dejo, como un anti ejemplo del corregir y corregir….

 

Estoy retomando unas piezas viejas, del año 2005, para publicar. A la correción de la música misma debo agregar horas y horas de Photoshop para la versión final manuscrita. Con la mente un poco dispersa, mientras corrijo y borro en modo pixel, escucho las conferencias de Borges que hay en YouTube donde habla de los procesos exhaustivos de corrección-también Piglia cuando habla de Borges-. Estas mentes brillantes son además las personas más laburadoras del planeta. Que vida increíblemente bella, dedicarse exhaustivamente, incansablemente, interminablemente a un gesto, un detalle, una palabra, un sonido, una marca con la pluma.

 

 

Trayectoria

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A medida que pasa el tiempo cuesta más y más pensar algunas cosas. Las obras que ya se escribieron, los conciertos que se llevaron a cabo, las explicaciones que se dieron sobre las obras, todo ello define un imaginario personal: el propio estilo. Todos quieren encontrar el propio estilo, la manera particular de decir las cosas, en lo posible, una propia voz que sea  maravillosa.
A medida que se encuentra lo propio una empieza a correr el riesgo de empezar a responder a eso, y a reaccionar sobre la propia obra; lo nuevo entra necesariamente en auto-diálogo con lo anterior, ese baggage personal que viene con una mayor conciencia de lo que se esta haciendo.
¡Auch! La difícil tarea de la  no-tan-joven-compositora.

Las palabras compositora, artista (¡guau!), obra, estilo, trayectoria, me resultan decadentes. Pero son las únicas que definen algunas cosas que hacemos: cierto tipo de actividad no utilitaria pero sumamente comprometida que intenta crear, no se si un mundo mejor, pero un mundo más verdadero.

 

Sketches de diseño espacial para Musique Concrète.

FB

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Dijo mi padre hoy: yo no entiendo el Facebook, toda esa gente con tanta necesidad de mostrarse, haciendo el rídiculo…

Brainstorming 5

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La vida es tan loca como previsible. Cumplir los deseos en realidad  se trata de abrir la puerta a cosas que ya están ahí. En el momento en que el deseo se vuelve lo suficientemente fuerte, los acontecimientos están allí para constatarlo, porque en realidad siempre estuvieron. El deseo no hace que las cosas aparezcan, nos hace a nosotros plausibles de verlas. El deseo no inventa las realidades, las descubre allí donde estaban. Es muy difícil soñar con algo realmente muy lejos de nuestra órbita, y a aquellos que pueden hacerlo, por lo general, no les causa mucho placer. Por lo general nuestros sueños están en el barrio: son cercanos, limitados y pequeños. Ir a un safari y cazar un león en  África implica sencillamente levantar el c… e ir.  Esa es la parte fácil. Todo el imaginario necesario para levantar el c… es la parte difícil. No se desea lo que no se conoce. Y eso es facilísimo de ver en los otros. Uno quiere lo que tiene, aunque sea una reverenda m… La realidad que uno es capaz de imaginar, es la realidad que se vive. Las otras, aunque estén allí, maravillosas y listas para ser tomadas, no son concebibles y hasta despreciadas. Y ese es el costado esquivo del deseo. Por lo general la palabra deseo tiene una connotación positiva. Pero se desea todo. Se desea el dolor, la frustración, se desean las limitaciones y los abandonos.
No nos creemos capaces de desear cosas negativas aunque lo hacemos todo el tiempo. Así como tenemos el germen de construir una vida, una casa, escribir un libro, tenemos los mismos gérmenes de la destrucción: lastimar a nuestros seres queridos, y lastimarnos profundamente a nosotros mismos. Es un combo y una cosa incluye la otra, ya que no existe el blanco sin el negro y el sonido sin el silencio. Y ahora viene la parte donde se dice que todo va a mejorar, pero no. En realidad todo lo bueno está allí si se puede ver. Filosofía dominguera. Internet es generosa y siempre nos da un lugarcito a todos. 

35 mm

Filmoteca personal en 35 mm

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Hoy me pasó una cosa hermosa. Tengo una colección de proyectores de diapositivas de 35 mm. Tengo un pié de micrófono normal. El modelo de proyector que yo uso, Leitz 150, tiene una tuerca debajo. Hoy en un acto de iluminación, me di cuenta de que el proyector encaja en el pie de micrófono a la perfección. El pie de micrófono del siglo XXI tiene un tornillo exactamente del mismo tamaño que la tuerca del proyector de la década del 60. Con esta instalación el proyector queda flotando en el aire. Y puedo subirlo, bajarlo, girarlo, y armar un setup en cualquier lugar fácilmente. Esos momentos de “encuentro”, se dan generalmente luego de haber probado millones de cosas antes. Quiero expresar mi eterna gratitud a todos los mercados de Holanda, reales y virtuales.

Erotismo mecánico: el día que el tornillo calzó en la tuerca. 
MontorfanoArditto Duo. Konvent Zero, España.

Nota a posteriori (25/10/20)

La colección de proyectores creció hasta contar con 32 unidades. Aquí se ven algunos en esta obra instalación, con distintos soportes.

En el link de Vimeo se puede ver el resultado de la película en 35 mm que tan trabajosamente estuve buscando allá por el año 2014. Finalmente utilicé una cinta hecha de goma Eva de 1 mm de espesor para realizar la película. Perforé la cinta con una máquina de coser. El resultado se puede ver en el link. El efecto de los puntitos se ve claramente en el minuto 1:45.

 

Brainstorming 4

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Me gustaría llegar al pliegue mismo de mi cerebro, el lugar mismo desde donde estoy trabajando ahora y donde también estoy atrapada. La suerte inmensa que tengo ahora es que no dependo de nadie, y me he convertido en mi “propio jefe”. Temo que sea un gran sillón para desparramarme en la actividad diletante. Las cosas necesariamente cambian todo el tiempo y están siendo otras en el mismo momento de escribir esto. El problema no es el cambio, que sucede, sino la cristalización constante de nuestro personaje, ya sea por vagancia o porque nos mucho gusta la repetición. Es ridícula la idea del cambio como valor agregado. Hay que cambiar, hay que moverse… ¿A dónde? ¿para qué? ¿por qué? Mis alumnos de yoga siempre hacen preguntas. Al principio me moría de angustia, porque pensaba que no sabría qué contestarles. Pero ahora me resulta facilísimo, porque me doy cuenta, que en realidad nadie quiere hacer una pregunta. Todos quieren contar su versión de las cosas en forma de pregunta. Si la respuesta es blanco o verde da igual porque la pregunta ya contiene la respuesta. Tengo un alumno, un señor mayor, que le parece un detalle que yo entienda tan poco de alemán y me cuenta cosas largas, relatos completos. Algo de su pie, de una montaña, algo de una casa. Le agradezco la confianza en mis capacidades extra-lingüísticas. Me siento igual a este señor alemán, escribiendo y reescribiendo música en un papel, que se va borrando a medida que se llena. ¿Habrá doble barra al final del túnel? No puedo decir que me gusta lo que escribo, pero no hay duda que me gusta escribir. Releyendo mi blog y este escrito, puedo ver con claridad mi mundo de creencias. Conceptos como el de “ser compositor”, “la doble barra”; ideas sobre el fracaso y el error. Todos estos temas pertenecen a cierta generación. ¿Cómo serán los niños del futuro? Cuando la gente dice que el futuro está en “el nuevo mundo” creo que tiene razón. Me encanta vivir en Alemania, más que en Argentina y mucho, muchísimo más que en Holanda, pero este país ya fue. Que es el viejo continente, no hay duda. No me molesta, hasta me agrada. Pero nada nuevo saldrá de aquí.

Brainstorming 3

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No hay duda de que la música de la médium Rosemary Brown, le fue dictada por los grandes maestros. Fuera de discusión.  El problema es que los grandes maestros desde el más allá, no hacen más que repetirse a sí mismos, reproduciendo sus grandes clichés históricos. Dejando de lado el tema de lo sobrenatural, pienso que repetirse infinitamente a través de los años no le hace bien a ningún compositor en el más allá o en el mundo de los vivos. Los compositores nos desactualizamos en un lapso de diez años, por poner un lapso de tiempo arbitrario.
¿Cómo sería nuestra música si seguimos componiendo en el mismo estilo durante 200 o 300 años?. Lo mismo ya no es lo mismo, como dice Nicolaus Huber. Las obras quedan frisadas en un momento histórico, reflejo de una comunicación intensa con un aquí y un ahora determinados. La obra queda y el compositor sigue camino. El arte, sobre todo el más sublime, no deja de ser una condición local, de barrio, se llame Weimar o Temperley. La música del pasado también comparte esa condición: fue presente en un espacio tiempo, y algunas de ellas tienen la propiedad de  poder reeditarse en otros tiempos. Hay músicas que se reeditan y otras no. Y eso no tiene que ver solo con la calidad mayor de la obra, sino con una serie de complejas coordenadas que consideran el gusto de épocas sucesivas. La música de Bach es una de las más reeditables que conozco: es a pruebas de balas. Por cuestiones de armado y de estructura es una música invulnerable a las centurias, a los instrumentos, a las versiones. Otras músicas son más perecederas. Están más atadas a los instrumentos y a cierta época.  Otro fenómeno interesantísimo es la ópera, también con una capacidad de edición absoluta a lo largo de las generaciones. Y cuando hablo de reedición hablo de reinvención. Autogenerase en otra época, es como autogenerarse en otra dimensión. Y aquí va la crítica, si se quiere, a los autores que dictan sus obras desde la posteridad. Estos autores están transmitiendo notas, seguramente ideas, pero las ideas no son nada si no están en diálogo con el tiempo. Esta reflexión amplia de los compositores famosos dictando sus obras desde el más allá se puede reducir a la vida de los mismos compositores en la tierra. Hay compositores que se empiezan a copiar a sí mismos en un momento de su vida; y vivitos y coleando, empiezan a “morderse la cola”. En realidad es casi una constante en todos los artistas y sería más edificante hablar de las excepciones. Stockhausen se ha convertido en muchas personas diferentes en una misma vida; o como John Cage, abriendo su círculo más y más y más, como un espiral originado en un punto único e indivisible, en expansión constante, aun hoy. Desde el más allá.