Cecilia Arditto Delsoglio

Post Term: de bueyes perdidos

Cuestión de forma

 

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La historia se repite. Uno se encuentra con alguien que no tiene idea de lo que es la música contemporánea y ahí sale Jacinta Pichimahuida a explicar: es la música clásica que se hace ahora; si Beethoven viviera haría algo parecido a “esto”; es fácil entender la pintura abstracta pero no la música, ya que no buscamos la casita y el árbol en un cuadro entonces porqué buscar la melodía y el ritmo en la música; la electrónica cambio la manera de pensar el sonido bla bla bla y que Cage y 4’33’’ y la audiencia y el entorno, y más bla bla.
Entonces “el iniciado” empieza a escuchar bajo nuestra guía un muestrario de cosas diferentes. Y por lo general hay algo que le interesa. Algo que se conecta con alguna otra cosa que conoce: el rock, la filosofía, la pintura, el minimalismo,  y  le empieza a gustar. Y a algunos le empieza a gustar mucho. No es cuestión “de saber” sino de acceder.

Más allá de la evangelización, me pregunto, por qué la música contemporánea está circunscrita a medios de comunicación tan endogámicos y tan conservadores cuando muchísimas veces el contenido -la música- representa todo lo contrario, rupturas, riesgos, cambio, ¡y alegría!.

Y lo patético es que cuando se intenta quebrar ese circuito cerrado, proponiendo alternativas para alcanzar mayores audiencias, la informalidad se vuelve una cosa tan convencional y tan pobre, que si tengo que elegir me quedo con lo formal. Prefiero escuchar la obra sinfónica completa de George Benjamin en un salón rococó antes que estar tirada en un almohadón escuchando música para 20 teteras silbantes y sahumerio amplificado de la última revelación holandesa.

 

El envase de la música contemporánea no coincide con el contenido, que es muchísimo más amable de lo que uno pensaría. Muchos compositores e intérpretes, seguimos pensando con una cabeza moderna mientras el aparato de conciertos va quedando obsoleto.
Yo creo que si bien los rituales de la música se han estancado en prácticas burguesas de otra época, el contenido no. Esa es la contradicción que muchos de nosotros sentimos cuando nuestras ideas, nuestra música, y sobre todo nuestras vidas hacen corto con las formas de producción de la música. La discusión no está en cambiar la música (no es por lo menos esta discusión) sino sus modos de comunicación. Eso es lo que habría que plantearse en lugar de agregar tanto almohadón y tanto video.

Sobre la notación: musicalizando a Foucault

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“Y el espacio de las semejanzas inmediatas se convierte en un gran libro abierto; está plagado de grafismos; todo a lo largo de la página se ven figuras extrañas que se entrecruzan y, a veces, se repiten. Lo único que hay que hacer es descifrarlas”
Michel Foucault

Pienso en este libro del mundo plagado de grafismos como una partitura a ser descifrada. El mundo es entonces un mundo sonoro, de un lenguaje rumoroso pero no de palabras sino de sonidos musicales. Un lenguaje donde lo descifrado es tan elíptico como la grafía que los representa.
El espejo opaco del sonido y su representación escrita abre la perspectiva de las múltiples versiones posibles.
La música no se puede escribir más que imprecisamente Y es esa brecha entre el mundo del sonido y la representación inacabada de la partitura lo que mejor representa la condición abstracta de la música.
Su debilidad es su fortaleza.

“Pero, dado que hay una ranura entre las similitudes que forman grafismos y las que forman discursos, el saber y su labor infinita reciben allí el espacio que les es propio: tienen que surcar esta distancia yendo, por un zigzagueo indefinido, de lo semejante a lo que le es semejante.”
Michel Foucault

Versión

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Atmósferas (1961) de Ligeti por el grupo argentino de rock Vox Dei

Nada te debo

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“¿Qué es la Argentina? ¿Es una masa que todavía no ha llegado a ser pastel, es sencillamente algo que no tiene forma definitiva, o bien es una protesta contra la mecanización del espíritu, un gesto de desgano e indiferencia frente a un hombre que se aleja de sí mismo, o frente una acumulación demasiado automática, o frente una inteligencia demasiado inteligente, o a una belleza demasiado bella, o a una moralidad demasiado moral?” En este clima, en esta constelación podría surgir una verdadera protesta contra Europa, si …, si la blandura encontrase un método para hacerse dura…,si la indefinición pudiera convertirse en un programa, o sea, en una definición.

Witold Gombrowicz – Diarios

Pensar qué es la música argentina es una pregunta casi cotidiana de un compositor, sobre todo viviendo en el extranjero. Una pregunta que intenta definir lo individual con la pertenencia a un grupo difícil de definir.

Mi hipótesis es que con la música argentina no pasa nada de nada, y que no va a pasar por mucho tiempo. Ésta es una cuestión que no se dirime con individualidades mas o menos brillantes, sino en términos de proyecto de país.

Esta pregunta de Gombrowicz es vieja, es la misma pregunta de la música argentina desde siempre, pero a medida que pasa el tiempo cobra más actualidad y carga mucha mas tristeza.

Si hay algo que define a la música clásica argentina es que la argentina es un país expulsivo, que no genera las condiciones mínimas para cuidar a sus artistas. Un país que confiado eternamente en la “chispa perpetua” cree que no tiene que hacer nada para proteger su acervo.

Argentina, junto con toda América, es joven porque muere joven. Pero su juventud es también, a pesar de todo, ineficaz. W.G

La música clásica en términos de producción es un genero si se quiere decadente. A diferencia de la literatura por ejemplo, necesita de un corpus sofisticado para existir: ensambles, sistema de conciertos y sobre todo becas y subsidios con continuidad para que los músicos puedan desarrollar su lenguaje (tener tiempo para estudiar y dinero para pagar las clases). Este circuito es totalmente burgués, caro, suntuario, pero lamentablemente indispensable. Estas becas y subsidios no pueden ser reemplazadas por becas desde exterior que ayudan al artista pero a la vez atomizan a las sucesivas generaciones

Por eso los compositores argentinos sufrimos todos las condiciones del abandono. No hay bibliotecas, no hay edición de partituras, no hay grabaciones, no hay ensambles subvencionados… La actividad musical es diletante y depende de la buena voluntad de los compositores y de los intérpretes bienintencionados.
Ir a México, por ejemplo, nos enfrenta con una realidad distinta en ese sentido: los museos tienen bibliotecas increíbles con revistas, grabaciones de música contemporánea de compositores reconocidos como Julio Estrada y Mario Lavista, pero también de compositores que no han alanzado los cuarenta. A manera de ejemplo, el cuarteto Arditti hizo un proyecto en México similar al que el CEAMC hizo en Argentina en el año 2000 y las obras de los mexicanos están grabadas por un sello y el CD se puede comprar en las disquerías.
Los conservatorios de Holanda están plagados de estudiantes de composición mexicanos con becas de su país – no sólo estudiantes de composición sino de cualquier instrumento-. Es el país latinoamericano con más presencia en Europa. La mayoría de los argentinos que viven en Europa tienen (tenemos) esa “beca” que es algún pasaporte europeo, recibido en la lotería de la inmigración.
Personalmente tuve una beca de Antorchas por dos años para estudiar en Ámsterdam. las condiciones de la beca fueron impecables y el haberla obtenido una gran suerte. Pero sé que es una excepción de una fundación que además ya no existe.
La sensación es que mas allá de las iniciativas individuales, que son en realidad casi todas en la Argentina, para que se pueda hablar de la música académica de un país, se debe pensar en un proyecto colectivo y a largo plazo.

“Poseemos aquí buena materia prima, aunque todavía no nos podemos permitir productos acabados”. W.G

¿Todavía? Me siento una planta de soja. Incluso los compositores más antisistema –pienso en Cage, Feldman, Partch por ejemplo- son asimilados, si se quiere fagocitados por el sistema y le es dada una entidad. No es lo mismo ser un vagabundo en Lanús y hacer música con objetos encontrados que en Estados Unidos. Y no hablo del valor de las propuestas– ni aquí ni en todo el artículo- sino del cuidado de una sociedad para sus propias cosas. Tampoco hablo de los mecanismos de producción con respecto a los medios de producción (cuántas aclaraciones!).

El mensaje de este texto es bastante triste. Veo la música clásica en general un arte maravilloso en términos de abstracción de lenguaje, que paradójicamente necesita de mecanismos de producción conservadores y decadentes. ¿Será que la música clásica contemporánea será sólo manifestación de las grandes potencias? Así lo parece. Escribir una obra para una orquesta argentina viniendo, por ejemplo, del conurbano bonaerense parece como construir un cohete que va a la luna con latas de tomates.

PD- Lindo tema para otro post es porqué en Holanda tampoco pasa nada de nada y el inmenso y obsoleto apoyo del estado para la música contemporánea la termina convirtiendo en entretenimiento.

Continuará…

Medias

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También podría llamar este texto el desvanecimiento de las disciplinas artísticas en el siglo XXI. Y me catapulto a un futuro dentro de 200 años, donde la categorización de las distintas ramas del arte, es la expresión antigua de un pasado extinguido.

Tengo una percepción un tanto contaminada de lo interdisciplinario, ya que vivo en Ámsterdam, una ciudad que se caracteriza por la “mezcla per se” y la fusión (generalmente irresponsable) de culturas, lenguajes, disciplinas, ideas y falta de ideas. Una ciudad-bazar.
Los trabajos que vengo viendo de gente de distintas generaciones, ya sea estudiantes de las escuelas de arte, o de artistas establecidos, son propuestas que generalmente están rascando el borde de la categoría artística al que pertenecen. Los bailarines actúan y cantan, los músicos se mueven en escena y no tocan los instrumentos. La música en forma de objetos sonoros o en modalidad electrónica, forma parte sustancial de las instalaciones visuales. Todos quieren (queremos) escapar a ese más allá multifeliz. Nadie es profeta en su propia tierra.

Las categorías se disuelven. El concepto de la obra cobra fuerza más allá de su disciplina, y la trasciende. Las mismas ideas pueden funcionar desde distintas perspectivas en una sinestesia de los lenguajes artísticos: un concepto se puede “ver”, u “oír’ u “leer, etc. Las obras se vuelven más “abstractas”, más despojadas de su corpus, pero no necesariamente más amateur. ¡Qué miedo le tienen a esa palabra en Holanda, ja ja!

Veo una vuelta al multihombre renacentista, polifacético y multidispciplinario, como Leonardo, que si hubiera nacido en el siglo XX, se hubiera dedicado solamente a una cosa.

Castigar y vigilar

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Conocí a una joven dramaturga en Alemania, que tuvo la mala estrella de recibir críticas muy negativas por un trabajo suyo presentado en Berlín. Cada vez que alguien “googleaba” su nombre, lo primero que se veía en el buscador, eran las críticas lapidarias. Después de ese proyecto no conseguía trabajo ni de camarera.

Hasta donde yo sé, no tuvo trabajo en el teatro nunca más. La información en Internet no se puede borrar, y tardar años en desaparecer de la web. Me parece nefasto este mecanismo de escrache público, salvaje y medieval, sea fundado o infundado. Y me pregunto… ¿cómo se sale de algo así? En la película de Alain Resnais, Hiroshima mon amour, una mujer francesa es apedreada y humillada públicamente en un pequeño pueblo de Francia llamado Nevers por enamorarse de un soldado alemán en la segunda guerra mundial. Le cortan el pelo y la encierran en un sótano. Después de la guerra ella tiene que dejar su pueblo, Nevers, para poder empezar una nueva vida

-Ton nom est Nevers—en France.

¿Pero, cómo puede uno exilarse de la web?

 

De la estupidez

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La estupidez es una de las cosas más difíciles de aprehender, no tanto la ajena, sino la propia. Tal vez sea una tarea imposible. Si bien nos rodea profusamente, hay que sobrepasar altas defensas y protecciones personales para poder mínimamente verla. Y cuando creemos que llegamos a estar en contacto con ella, nos armamos inmediatamente una nueva narrativa donde esa estupidez se convierte en algo interesante, o lo que es peor, algo artístico. La estupidez es evasiva y siempre se termina disfrazando de inteligencia para escapar.

Sobre la pasión lenta

fotograma del film Au Hasard Balthazar de Robert Bresson

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“La conciencia que el espectador posee de la forma tiene por efecto el prolongar o el retardar las emociones, pues, en la medida en que somos conscientes de la forma en una obra de arte, en cierto sentido nos separamos de ella; nuestras emociones no se manifiestan de la misma manera que en la vida real”.
Susan Sontag “Estilo espiritual en las películas de Robert Bresson.”

El arte es la conjunción de una forma fría y calculada que contiene en su interior un material caótico e impredecible. ¿Cuál es la función de la forma, sino la de albergar al caos, y darle una morada donde pueda ser contenido y a la vez ser observado?
Esa caja transparente funciona como un borde para la apreciación lenta, articulada en el tiempo, de aquello que no se sabe bien. Y es esa lentitud y esa distancia la que permite un arte reflexivo que observa un contenido  intenso.

 

Refrito

 

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Me cansa ahora lo que me fascinaba hace unos instantes: los colores del sonido, las técnicas instrumentales, los misterios de la notación. La música es siempre enigma y nunca oficio.
Se pierde el sentido cuando se intenta hacer coincidir “ese timbre orquestal” con el matiz del Rothko colgado en algun pliegue de nuestro museo conceptual. Seguro que Rothko estaba viviendo al filo de las preguntas cuando pintó Blue and Gray. Copiar sus respuestas es crear un refrito. Refrito Cage, refrito Feldman, refrito Nono. Los más cercanos, los más difíciles. ¿De qué hablamos cuando hablamos de Cage?

Mark Rothko, Blue and Gray (1962)